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Buscando a la cuerva

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Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Miér 26 Oct 2016, 11:57 pm


Algunas antorchas de junco, que perdían cera y estaban instaladas en toscos candelabros negros de hierro a lo largo de las paredes de piedra, iluminaban pobremente el interior del Corazón de León.

Una docena de hombres, acodados sobre sus jarras, se sentaban, uno aquí y el otro allá, en torno a las mesas colocadas sobre el suelo de pizarra, el cual estaba sorprendentemente limpio para tratarse de un mesón de aquel género.

Tres rufianes, por turno, arrojaban sus dagas a un corazón groseramente pintado en un tablón de madera, que colgaba de la pared. En la basta piedra, a lado y lado del tablón, podían verse las marcas de mil puñales mal encaminados.

Algunas camareras, iban de un lado a otro a toda prisa repartiendo las jarras.

Cuando vio al posadero, un hombre calvo y corpulento que estaba frotando el mostrador con un jirón de trapo, Renji comprendió por qué el suelo estaba tan limpio. Conocía a aquel hombre, que se llamaba Ferian.

Aquel Ferian estaba obsesionado por la limpieza de manera poco usual entre los hombres de su profesión. Pero, como fuente de información, jamás había tenido igual. A menos que hubiera cambiado de hábitos, estaría al tanto de todo lo que ocurriera en él puerto, y no sólo de los rumores que suelen circular por las calles.

Ferian sonrió al ver que Renji apoyaba el hombro en su mostrador, pero sus pequeños ojos negros siguieron alerta y paró de limpiar.

Por las Piedras de Kazamark, Renji —dijo tranquilamente—. Se dice que todos los caminos llevan a Eadür, por lo menos en Eadür mismo lo dicen, y ahora que te veo aquí me doy cuenta de que decían la verdad.

Los rumores sobre mi muerte fueron exagerados ¿Quién más de está en el puerto? —preguntó Renji.

Rufo, el falsificador de moneda. El viejo astrólogo Sharak. Y también está Emilio el ladrón.

¡Emilio! —exclamó Renji. Emilio el Corinthio había sido el mejor ladrón que Renji había conocido—. Hubiese jurado que ya estaba muerto.

Ferian rió entre dientes, y el seco chasquido de su risa no cuadraba con su gordura.

Pues ya vez sigue por aquí, se dice que le hallaron en el lecho de una mujer poco conveniente. El marido le perseguía, pero la madre todavía más. Parece que también había estado acostándose con ella, y le había afanado de paso piezas de orfebrería. La vieja pagó una cuadrilla de asesinos para asegurarse de que Emilio no tuviera nada que ofrecer a otra mujer.. Pregúntale, si quieres. Ahora está arriba con una de las muchachas, aunque seguramente demasiado borracho para que a ninguno de los dos le aproveche.

Entonces no saldrán hasta la mañana —dijo Renji, riendo—, porque ése jamás admite el fracaso.—Renji puso dos monedas de cobre sobre el mostrador—. ¿Puedes darme cerveza de leche y malta ? Tengo la garganta seca.

¿Que si tengo cerveza de leche? —dijo Ferian, buscando trabajosamente debajo del mostrador —. Tengo vinos y cervezas de los que jamás has oído hablar —sacó una vasija de polvoriento barro, llenó con ella una oscura jarra, y escondió las monedas de cobre mientras se la ponía delante a Renji.

Ando reclutando gente para ir a buscar a Kaela, sé que anda en la península de Bellazen buscando una especie de mago… ya tengo barco y capitán y tripulación y Emilio si lo pesco sobrio puede servirme pero necesito buenos mercenarios ¿sabes tú de alguien?.


Última edición por Renji Valamar el Lun 31 Oct 2016, 3:02 am, editado 2 veces
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Jue 27 Oct 2016, 2:46 am

A Skye no le gustaban mucho los barcos, no era solo por el vaivén mareante que producían las olas, era sobretodo por la sensación de inmensidad del mar. La hacía sentirse pequeña e impotente, pensar en que pasaría si una tormenta se desencadenaba sobre la embarcación la hacía aumentar sus nauseas. No le gustaban las situaciones en las que no tenía el control, sin embargo allí estaba, a bordo de un barco que estaba a punto de llegar a puerto. El viaje había sido largo (al menos a ella se lo había parecido) y aburrido, salvo por algún encontronazo con alguno de los hombres de abordo, que la habían dejado en paz al comprobar el mal carácter que tenía.

En cuanto tiraron el ancla y pusieron la rampa, fue la primera en bajar cargando con su bolsa de viaje en la espalda. Llevaba puesta una capa de color gris oscuro (aunque no tenía frío), con la capucha bajada, que solo la cubría por detrás y dejaba a la vista sus encantos femeninos. El mareo se le pasó enseguida, en cuanto el aire junto con la tierra firme le hicieron efecto, y aquella sensación angustiosa se quedó en el barco que dejaba atrás.

Preguntó a un estibador que cargaba un pesado fardo donde podía encontrar una buena taberna o posada. El hombre le dio unas indicaciones escuetas con mal humor, probablemente enfadado por tener que pararse a dar direcciones. Skye se apartó de él encantada arrugando la nariz, olía a sudor y alcohol.
Recorrió las calles con cierta curiosidad turística en la mirada. ¿Cómo había acabado en esa isla? Era cosa de la suerte. Se había parado en el puerto, observando a los barcos que iban y venían, mientras pensaba en cual sería el mejor destino al que partir. Ni siquiera tenía pensado irse aquel día, hasta que un empujón de alguien apresurado la hizo tambalearse. Su moneda, la que tanto apreciaba (esa con el grabado de Sandre en ambas caras) salió rodando por las tablas del muelle, y ella corrió detrás horrorizada. Se habría tirado al agua tras la moneda si no la hubiera detenido con el pie un hombre que estaba a punto de subir a un barco.
Aliviada le dio las gracias y preguntó por la embarcación, que por lo visto estaba a punto de zarpar. Si eso no era una señal divina ¿qué lo era? Irina habría dicho que era una tonta supersticiosa. Pero consiguió ganar algo de tiempo para recoger sus cosas y se marchó en esa misma embarcación, sin siquiera haber preguntado a donde iba.

Entró en el “Corazón de León” sacudiendo la cabeza para apartar los recuerdos de su viaje, y dándose de golpe con el aroma de toda taberna. El aire viciado, el calor de las antorchas que quemaban en la pared de piedra, el olor a cerveza derramada... Habría preferido algo más refinado, pero estaba cansada y lo único que quería era un lugar donde poder recuperar energías. Al menos no podía quejarse de la limpieza, aquel suelo parecía la habitación de un sanador de lo limpio que estaba.

Se acercó al mostrador, sin ánimo siquiera para contonearse como hacía normalmente al caminar. Dejó caer su petate al suelo (no temía que se ensuciara, visto lo visto) y suspiró como si oficialmente hubiera acabado aquella parte del viaje. Sus hombros se relajaron y su expresión se endulzó.

Estaba al lado de un hombre rubio y alto que hablaba con el posadero con familiaridad. Le acababa de pedir una ¿cerveza de leche? No había oído hablar de eso, aunque sus gustos en alcohol eran casi inexistentes. Hizo un gesto al posadero, alzando una mano después de que este sirviera aquella cerveza, pero cuando este la miró esperando a que le pidiera algo, no le alcanzó la voz. Las palabras de el hombre rubio la habían atravesado, dejándola estática en el lugar mientras resonaban en su cabeza.

De todo lo que había dicho (que no era poco) se quedó únicamente con “buscando a una especie de mago”. Que se riera ahora Irina de sus supersticiones. Parpadeó y miró al posadero, que por un momento debió de pensar que la pobre era tonta por la forma en que la miraba.

- Yo quiero otra. Cerveza de leche. - Dijo, sonando como si tomara aire en medio de la frase, a pesar de no verse agitada.

Luego miró a aquel hombre a su lado directamente. ¿Cómo debería proceder? ¿Debería seguirlo sin revelarse? Por que complicarse tanto cuando había dicho que buscaba mercenarios. Podía ofrecerse,  y no solo la llevaría directa hacia un mago, además le pagaría.

- Acabo de oírte. - Dijo, sin sentir vergüenza, al fin y al cabo por muy privada que fuera su conversación con el posadero, o no, no es que ella hubiese estado escuchando a hurtadillas. - Soy Nem, y estoy interesada en el trabajo, si no te importa contratar mujeres. Tengo mi propio equipo y se ocuparme de mi misma.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Vie 28 Oct 2016, 12:15 am

Ferian negó con la cabeza, aunque su sola cara lo decía todo,  ya no había mercenarios disponibles. Kaela se los había llevado a todos en busca de esa leyenda viviente a todos los valientes por los menos junto con sus plumas negras. Los demás habitantes y mercenarios locales ni de broma se enrolarían en una misión que implicaría ir al continente de Eadür. Lo lamentaba por él pues sabia cuanto ansiaba alcanzar a Kaela.  Aunque hacerlo solo, sin los plumas negras ni mercenarios era un suicidio.

Tanta lastima le dio que hasta le sirvió otro tarro sin que él se lo pidiera. En realidad, a Renji no le importaba, aun si no hubiese conseguido barco, Iría nadando o en una balsa o como fuese, no importaba si fuese solo. Afortunadamente no era el caso pues ya se había procurado un capitán con su barco,pues al capitan no le conocía de nada y no había garantías que una vez en altamar, lo traicionaran y lo vendiesen a Akasha.

Apuro el trago para tratar de evadir estos pensamientos, mientras ferian seguía atendiendo alos parroquianos, realmente la cerveza de leche sonaba mejor de lo que se oía. Miro de reojo a la jovencita que se había sentado en la barra, una forastera de ceñidas curvas en cuero negro y cabello y labios al rojo vivo. No tenía el tipo para nada de los cruzados de Kaela ni de los habitantes oriundos de aquellas islas. Ella le devolvió la mirada y directamente fue al grano

Mucho gusto Nem. Soy Valamar
— Dijo alzando su tarro y bebiendo de el para ganar tiempo y pensar ¿Estaba bien contratar a una chica? Se veía bien armada y tenía una mirada inteligente y perspicaz pero dudaba mucho que supiera en que se estaba metiendo, a no se ser que se tratara de una espía enviada por el general Talion.

Enviar chicas hermosas con la finalidad de bajar la guardia era un truco muy gastado pero seguía siendo efectivo, en la mayoría de los casos, sin embargo era un riesgo que debía de tomar — No tengo problema en contratar mujeres. Busco Tripulación para viajar Eadur, concretamente a la península de Bellazen, por razones de seguridad no puedo darte más información. Salvo que buscamos un sujeto llamado Taharam . Se te ira revelando más información conforme demuestres tu valía. La paga es en metálico, treinta monedas de plata al principio y doscientos setenta  completar la expedición. Si resultas tullida en la aventura recibirán las recompensas extras clásicas, quinientas monedas de plata por cada miembro perdido.

Sacó una bolsa de entre su ropa y las colocó sobre la mesa, dejando escuchar el característico sonido del metal ahogado por el cuero que lo cubría.

Este es un adelanto, dentro encontrarás dinero suficiente para vivir cómodamente un mes, espero con esto dejar en claro que la paga se dará cuantiosa y puntual. ¿Te interesa?
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Vie 28 Oct 2016, 12:59 am

Se dice que los ojos son el espejo del alma, y que mirando en lo profundo de estos puedes comprender a una persona. Se dicen muchas cosas, especialmente cuando se está borracho o se es poeta (¿y quién puede separar del todo esas dos?). Skye no creía ni desmentía del todo el dicho, ella sabía poner una variada cantidad de miradas diferentes con significados diferentes, y nada la invitaba a pensar que el resto no podía. Aún así lo primero que hizo cuando Valamar se giró hacia ella fue mirarle a los ojos, no únicamente para ver que transmitían, también quería fijarse en como la observaban.
Reparaba en sus curvas pero no se entretenía en ella, y había algo suspicaz en la forma en que la había observado de reojo un momento antes.

- Valamar. - Repitió, así se aseguraba de no olvidarse el nombre (no era muy buena para los nombres) y de no pronunciarlo mal. También alzó su bebida, que no sabía tan bien como había esperado y que disimuladamente dejó luego en la barra.

Contuvo el aliento a esperas de una respuesta. Se enfurruñaría si le decía que no, y tendría que seguirlo a hurtadillas, con el riesgo y las incomodidades que eso conllevaba. Pero para su suerte, Valamar accedió. O realmente no le importaba trabajar con una chica, o le entretenían las vistas, o sencillamente estaba desesperado. La conversación (y su negativa a revelar de que se trataba aquel asunto) junto con la cantidad del pago, le hicieron pensar en lo último. Nadie pagaría tanto por tener a una cosa bonita a la que mirar, ni se llevaría a alguien a Eadür con quien no estuviera dispuesto a trabajar.

- No hago tareas de barco. - Dijo sin ni siquiera saber como llamarlas. Sin embargo una vocecilla en su cabeza le dijo que quizás no era ese el momento para hacerse la especial. Suspiró, con hastío, al recordar su viaje, y pensar en volver a subir a un barco. - A no ser que sea necesario. - Cedió.

Le había revelado que viajarían al desierto y que iban detrás de alguien llamado Taharam. Pero en la conversación que había tenido con el posadero mencionó a una mujer, Kaela. El nombre le sonaba de haber oído historias, aunque en ese momento desestimó el intentar acordarse. Si buscaba a Kaela y ella a un mago, ese Taharam debía de ser el tal mago.
Ya era más de lo que necesitaba saber.

Skye sonrió, cordial y se miró los brazos, alzándolos un poquito. - No será necesario, no tengo intención de desprenderme de ninguna extremidad. -

El sonido de las monedas le llamó vagamente la atención. No estaba interesada por el pago, pero era un añadido al que no le haría ascos, especialmente si la paga era tan buena como prometía. No hizo más que reafirmar su pensamiento de que debía de estar desesperado, si estaba dispuesto a pagarle así como así para hacer más atractivo el trabajo.
Cualquier cabrón podría haber tomado el dinero para luego desaparecer, treinta plateadas no eran tanto dinero como trescientas, pero tampoco eran una minucia.

No acercó las manos a la bolsa del dinero, en lugar de eso le tendió una mano a Valamar, aunque las suyas parecerían delicadas y pequeñas en comparación con las de aquel hombretón, comprobaría al tocarlas que sus dedos tenían tantos callos como los de cualquier mercenario.

- Me interesa. - Se mordió el labio inferior, aunque no pretendía ser seductora, ese era un gesto que se le había quedado grabado de tanto repetirlo, una manía. - Bellazen. - Asintió con la cabeza después de eso. - No haré preguntas, tu mandas, pero quisiera negociar algo.

Sujetó la bolsa de cuero con las monedas dentro, pero no llegó a hacérsela suya.

- Quiero un camarote para mi sola en el barco. Si es necesario podemos negociar como incluirlo en la paga.

No le hacía ilusión viajar en barco, menos aún le haría si tenía que compartir su espacio vital con alguien.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Vie 28 Oct 2016, 3:18 am

Realmente no sabía si era buena idea. No era que dudara de sus capacidades, pero era una chica  en un continente demasiado peligroso y viajando con una tripulación de malvivientes, bastantes problemas tendría ya cuidándose así mismo, como para todavía cuidar de ella. Además de que Kaela a lo mejor no pondría buena cara si se enteraba y la joven ya estaba poniendo sus condiciones, que si bien eran razonables, podrían ser un problema.

Sin embargo Valamar sospechaba que en realidad la chica era un señuelo que servía a Akasha a Talion o algo relacionado con Malkôra,  y este pensamiento se re afirmo cuando no hizo ademan por coger la bolsita en primera instancia. Si las cosas se ponían realmente mal en el barco podría usarla como escudo.

Dudo un momento solo para disimular y tras rascarse la barbilla estrecho su calluda mano y contesto

No creo que sean necesarias las tareas ya a bordo del barco, aunque quizás sí, para embarcar  espero que no pierdas ningún miembro te advierto que iremos a un lugar peligroso y respecto a tu camarote, sí tendrás tu privacidad abordo  sin cargo extra no te preocupes. Asi que entonces tenemos un trato Nem te aconsejo que te vayas a descansar, pues mañana a primera luz nos espera la faena.


Después de despedirle y agradecerle, Valamar pago por las habitaciones de ambos. Él usaria la primera habitación  de la derecha del segundo piso. A Nem le tocaría la de la izquierda para ella sola. “Emilio” estaba hasta la habitación de hasta al fondo sumido en macizo sueño etílico en aquellos momentos.

También ordeno que llevasen vino y la especialidad del día a las respectivas habitaciones, por si a la chica le daba hambre a media noche. Valamar por su parte solo quería dormir, ya había tenido demasiadas preocupaciones por un día.

Después de repartir las llaves, cada uno se fue a sus habitaciones. Nem descubrió que su cuarto no era mucho mejor que la taberna, pero estaba muy limpio.

Se oyó un susurro en las horas que precedan a la aurora. Era tan débil que no despertó a nadie pero se repetía incesantemente

Scrich. Scrich. Por fin  aquel intruso acústico que había irrumpido en el sueño de Skye.

Un fino alambre que se había deslizado por entre el batiente y el dintel, un gancho de cobre que tiraba del bien engrasado pestillo.

La puerta se abrió violentamente hacia dentro; seguro el sonido del portazo terminaría por despertar a Nem, pero nadie apareció... era como si se hubiera tratado de un fantasma...
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Vie 28 Oct 2016, 3:58 am

No hizo demasiada fuerza al estrechar la mano de Valamar. Mantuvo la mirada fija en sus ojos y se preparó para una negativa, o regatear por un camarote. Estaba de suerte, no tuvo que enfrentarse a ninguna de esas cosas. - Mañana, entonces. - No iba a tener tiempo para visitar la ciudad portuaria, nada de turismo. Si iban a partir tan pronto, tendría que hacer caso a Valamar y descansar, no quería afrontar aquello estando agotada.

Se marchó tras recibir una llave, llevando consigo la bolsita con el dinero (que ya había guardado en su bolsa de viaje) y la llave que su contratante le diera. Le tocaba la habitación de la izquierda, y por supuesto no pensaba compartirla. Tampoco es que hubiese nadie con quien hacerlo.

Cerró la habitación con llave y la observó. Pequeña y austera, pero limpia. Encajaba con sus gustos, se habría sentido incómoda en una habitación lujosa, en la que tendría la sensación de que todo a su alrededor valdría demasiado para ella, y no habría aceptado dormir en una pocilga, pero el pragmatismo de la estancia le encajaba. Dejó el petate en la pared justo cuando alguien llamó a la puerta. Una camarera le subía una bandeja de vino y algo que comer. La aceptó agradecida y volvió a cerrar. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba. Cenó, no demasiado, y aunque habría preferido acompañar la comida de agua, bebió tres sorbos de vino, el resto lo dejó sobre la mesa, en la misma que colocó sus espadas cortas.

Antes de desvestirse, guardó el par de dagas que llevaba consigo y la pequeña cantidad de cuchillos arrojadizos, ocultos convenientemente bajo la capa. También los colocó sobre la mesa, donde dejó a continuación su no muy protectora “armadura” de cuero. Se estiró, ya en ropa interior, y caminó hasta la cama, se sentó en el borde y adoptó una pose meditativa. Durante la siguiente media hora realizó sus rezos y algunos ritos menores.

- Con suerte mañana tendré tiempo de darme un baño antes de que partamos. - Dijo para si misma.

Dejó una daga bajo la cama y un cuchillo arrojadizo debajo de la almohada. En ocasiones podía llegar a ser paranoica, pero si había que culpar a alguien, sería a la mujer que la educó. Siempre hablando de enemigos, asesinatos... Cerró los ojos y se durmió al poco tiempo.

Había tenido un sueño apacible hasta que se vio interrumpido. Al principio por un molesto susurro que no llegó a despertarla, pero si a agitarla, quizás estuviera en su cabeza, en sus sueños, o quizás viniera de fuera. No fue hasta que la puerta de su habitación de un golpe que se despertó, botando sobre la cama. Se incorporó lo suficiente para sentarse, asustada y con el corazón acelerado, aún así para cuando su espalda estaba recta, su mano ya sujetaba un cuchillo, y antes de que su vista pudiera enfocarse, ya lo había arrojado en dirección al sonido.

No habría conseguido darle a nadie a menos que un atacante hubiese saltado a por ella directamente. Pero no hubo golpe, ni atacante. Su respiración agitada era el único sonido que llenaba la habitación, y aquel cuchillo se había clavado en la pared del pasillo, al otro lado de la puerta.

No se dio tiempo a pensar y obligó a sus piernas a actuar. Se levantó derribando las sabanas y tambaleándose, se acercó a la mesa, en la que buscó a tientas. De allí tomó las dagas, metidas en sus fundas de cuero, y empezó a atarse una al muslo derecho mientras sujetaba la otra con la boca. Al acabar de colocársela, ya estaba a la altura de la puerta, tomó en una mano la funda que llevaba en la boca y sacó la daga con la otra, dejando la vaina caer al suelo.

Sintió la necesidad de preguntar si había alguien al otro lado, pero acalló ese impulso por ser absurdo. Se quedó un segundo en el interior de la habitación, junto al marco de la puerta, para luego salir y mirar a ambos lados del pasillo.

No sabía que encontraría. O qué la encontraría a ella, llevando apenas la ropa interior y una daga en una mano.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Vie 28 Oct 2016, 4:58 am

Al asomarse Nem por el pasillo se sintió un escalofrió en todo el corredor como si  una película de sudor congelado lo envolviese todo y entonces apareció una figura pálida como el hielo enfrente de la humana dejándola petrificada momentáneamente.

Spoiler:


Era esbelta como la hoja de una espada, tenía la piel de un blanco lechoso y brillaba con un mortecino resplandor azulado.

Permíteme  presentarme. Soy un servidor de Malkôra . Bueno casi…  He tomado prestada la mente de esta infeliz alma para hacerte una pequeña visita.


Su voz era grave y silbante. Impregnada de poder incuestionable y  autoridad


Me he enterado que Valamar está buscando a Kaela y que te ha reclutado a ti para que lo ayudes… He de Advertirte que una vez que pises Eadür estarán a la merced del poder de Malkôra. Sus almas les pertenecerán en cuanto entren a sus dominios.

La figura se abalanzó sobre Nem atacándola y  esquivando con fluidez  los primeros ataques de esta y su Daga.  El fantasma de hielo era casi tan veloz como Nem, tanto, que logro provocarle una quemadura de hielo a Nem en el antebrazo.

Sin embargo, al hacerlo esta logro clavarle la daga directo en el vientre y le salió por la espalda con un siseo aterrador.

Se oyó un crujido, como el ruido que hace el hielo al romperse bajo una bota, y a continuación un chillido  agudo y penetrante

Eres Hábil, muy hábil linda pelirroja. Una mujer con tus habilidades debería servir a Malkôra. Te propongo un trato, si logras traicionar a Valamar y capturarlo y traerlo al palacio de Kazamark serás recompensada con poderes más allá de tu comprensión… Te dejare una marca y si eres digna te será otorgada la marca de Malkôra

La figura blanca  se deshacía en un charco, se disolvía... En pocos momentos desapareció toda la carne, se había evaporado en jirones de tenue neblina blanca.

Debajo había huesos como vidrio, lechosos, claros y brillantes, que también se estaban disolviendo. Por último sólo quedó  la daga de Nem, con un leve resplandor azulado.

Renji que había escucha los ruidos  se levantó de su cama espada en mano y al avanzar por el corredor  y al final de este,  encontró a Nem pálida mirando al suelo con unas polillas que aleteaban alrededor de su rostro.

Valamar  la miro extrañado omitiendo el hecho de que estaba en ropa interior.

¿Se puede saber porque diablos estás haciendo tanto ruido?


Pero antes de que pudiera si quiera responderle, la puerta de uno de los cuartos estalló hacia afuera y se estrelló contra la piedra al otro lado del pasillo. El estruendo resonó por los corredores, haciendo que todo mundo en la posada se despertara. Pronto Llego Emilio el ladrón  al corredor con su arma desenvainada…


¿Qué está sucediendo?


En el brazo de Nem había  una marca; una calavera… Aunque por el hecho de estar Nem en ropa interior, nadie había reparado en ella
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Vie 28 Oct 2016, 12:20 pm

Afuera en el pasillo la envolvió una sensación de malestar, un estado de alerta ante algo desconocido. Era esa sensación de frío antinatural lo que ponía sus sentidos a la defensiva y la hacía tensar los músculos, como un animal acorralado. Una figura apareció justo allí haciendo que se quedara blanca de la impresión. No era humana, ni se parecía a alguna de las razas que conocía, era... ¿Qué era? ¿Un fantasma? ¿Una aparición?

Su voz penetró en sus oídos hiriéndola con el sonido mismo, haciéndole castañear los dientes ante ese poderoso silbido. Y a pesar de todo no era ni su aspecto ni su voz lo más preocupante, sino el mensaje. Un servidor de Malkôra, alguien poderoso que había poseído a un infeliz, y lo peor, que estaba allí precisamente para hablar con ella.

- Lárgate. - Fue todo lo que alcanzó a decir.

Lo que le contó no ayudó a que se tranquilizara, pero si a que perdiera parte del miedo. Si ese ser estaba allí para hacerle una advertencia, significaba que no quería matarla ¿No? De todas formas eso no lo hacía menos peligroso, existían destinos peores que la muerte. Y cuando se abalanzó sobre ella, lo recibió con una daga.

La criatura era rápida. Ella se había despejado del todo segundos antes, pero no estaba en condiciones de mantener un combate como los dioses mandaban, medio desnuda, con el sueño interrumpido y enfrentándose a algo cuyo poder desconocía, intentó acabar la pelea tan pronto como empezó, buscando en cada ataque que fuera letal.

Fue un trance corto, pero no por ello menos espectacular, el fantasma y ella se esquivaron el uno al otro como si participaran de un tipo íntimo de baile, hasta que el espectro se arriesgó para herirla y ella respondió al ataque con una daga que le atravesó el vientre. El sonido le dio arcadas.

- Maldición. - Retrocedió soltando la daga y tapándose la herida en el antebrazo con la mano. Era tan fría que quemaba y no se atrevía a apretarla del todo. En la oscuridad le costaba ver resultado.
Cuando el ser volvió a hablar, tomó la daga que llevaba sujeta al muslo, y escuchó en posición amenazante.

Escuchó estupefacta todo lo que decía, para luego ser testigo de como se desvanecía ante sus ojos. O sería más adecuado decir que se deshacía, se derretía como el rocío bajo el sol.

- No, maldito seas. - Siseó de frustración ella. Necesitaba respuestas a muchas incógnitas y la criatura que las había dejado se convertía ante sus narices en un charco. Dudaba que los charcos fueran muy comunicativos...

Que remedio... Había alguien más que podía contestar sus preguntas. Se agachó para recoger la daga, que brillaba con un leve resplandor azulado, y con su luz observó la herida en el antebrazo. Sintió como un acceso de nauseas amenazaba con hacerla vomitar. Pero Valamar apareció en el pasillo y ella soltó la daga, sobresaltada.

Lo miró con el ceño fruncido, allí parado con su espada y haciendo preguntas que no sabía como contestar. El hombre al que le habían pedido que traicionara. Por desgracia, tenía la sensación de que no había sido una petición del todo amistosa, y una parte de ella sentía terror al preguntarse que ocurriría si se negara. Por otro lado, tampoco le interesaba descubrir que recompensa pretendía darle Malkôra. Lo más sensato habría sido alejarse de Valamar y de ese viaje.

- ¿No es obvio que me gusta bailar desnuda en el pasillo a altas horas de la madrugada? - Respondió en tono sarcástico. Cuando todo lo demás fallaba se podía recurrir al humor para calmar los miedos y templar el ánimo.

Solo le duró la sonrisa un instante, una puerta había estallado hacia afuera, haciendo que volviera a sobresaltarse y tapando con el estruendo su ingeniosa respuesta. Cuando un hombre apareció en el pasillo con el arma desenvainada estuvo a punto de arrojarle su daga, pero no había aura azulada rodeándolo ni frío espectral, y su voz era tan humana como podía serlo.
Miró a Valamar. Estaba dudando sobre que hacer ¿Debía callar sobre todo aquello y ganar tiempo para pensar? ¿Sería mejor ser sincera? Si quería hacerle preguntas sobre lo que acababa de ocurrir tendría que contarle lo ocurrido primero.

- Me ha atacado un espectro. - Dijo respondiendo a Emilio, pero observando a Valamar. - De Malkôra. - Añadió, para luego quedar en silencio y dejar que el nombre calara. Estaba segura de que a su contratante le sonaría. Más que a ella al menos, que no era ninguna experta en la historia de Eadür.

- Es hora de que cuentes algo más sobre el trabajo. ¿Qué era esa cosa? ¿Qué me ha hecho en el brazo? ¿Y por qué tengo la impresión de que vamos de cabeza a una muerte horrible? - Su voz exigía respuestas, era obvio que estaba asustada y también muy enfadada. Pero quizás aquel no fuera el mejor momento para hablar, solo los dioses sabían que había hecho estallar esa puerta, y que era lo que podía estar por venir.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Sáb 29 Oct 2016, 12:09 am

Valamar se sorprendió de su respuesta, tenía razón, era obvio que algo estaba pasando, sin embargo el hecho de que se tardara tanto en responder le hacía más dudar de ella. Emilio por su parte la acariciaba con la mirada se imaginaba tentando sus caderas y coronando sus pechos disimuladamente.

Emilio el ladrón era un buen amigo de Valamar, y aparte de ser un hábil amante de lo ajeno era un combatiente excepcional. Valamar lo había visto pelear muchas veces y era como ver a es un colibrí frente a una mula… Tajos, golpes y mandobles no encontraban más que aire cuando lo atacaban y él, de una sola estocada, que nunca se sabía de dónde provenía, concluía siempre victorioso la contienda.

Con diez hombres como él, y otras dos mujeres como Kaela, Valamar hubiese abierto las puertas de cualquier infierno, pero el problema es que era borracho pendenciero y mujeriego y ante una mujer del calibre de Nemura no podía ocultar su disimulo. Mirandola preso de un contenido deseo.

Nemura por su parte se se decidió a contarlo todo.

¿Un espectro por parte de Malkôra? No sabía cómo se había enterado de sus movimientos, Cuando Nem termino con su interrogatorio, Valamar le contesto

No es lugar para hablar de esto… Espera un poco Emilio Ve por una cobija rápido y dile a Ferian que te consiga un ungüento, una daga de obsidiana y mucho café…Sera una velada larga…


El ladrón acepto sin chistar mientras Valamar le examinaba el brazo, el fantasma le había hecho una marca algo extraña.

No sé qué signifique pero afortunadamente no es profunda. Ven vamos a tu cuarto Te explicare que está pasando en cuanto te quitemos esa marca.

Valamar era un caballero, además de que quería mucho a Kaela así que pese a que la señorita Nemura lucia por demás apetecible y espectacular, no se atrevió a mirar sus apetitosas  curvas. Una vez que entraron tomo una de las cobijas y se la paso para que se cubriera.

Cuando Ferian y Emilio Llegaron. Lavaron la herida de Nem con Vino Caliente no consiguieron la daga de obsidiana pero si consiguieron una de plata la cual calentaron a las brasas

Es mejor la obsidiana para limpiar estas heridas, pero esta servirá. Te va a doler Nem, quédate quieta…

Si alguien dentro de la posada estaba todavía despierto, los alaridos provenientes de la garganta de Nem se encargaron de tener despierta a toda la posada.

Bien listo tardara en sanar procura no moverlo mucho…
—Dijo mientras improvisaba un vendaje, con un jirón del pantalón que había traído Ferian.

Más tarde, Ferian y Emilio tomaron unas sillas y se sentaron alrededor de la cama de Nem. Mientras Valamar contaba la historia, de vez en cuando Ferian lo interrumpia para agregar detalles.

Le contaron que se dirigían al continente  más alejado de toda Anzus que estaba bajo el asedio constante de la corrupta emperatriz Akasha. Una isla continental donde la magia negra y la maldad son sus armas más poderosas gracias a las maldiciones de Malkôra. Le contó que Kaela era la hermana de Akasha, y la líder de los plumas negras. Le contó acerca de Malkôra, de Vattramazz, y de cómo su novia Kaela había viajado en busca de una deidad desconocida llamada Taharam  el dios de la noche y la luna para los hombres de Eädur para ayudarla en su lucha contra Akasha.

Valamar miro por unos instantes la ventana, la luna iba ya desdibujándose al tornarse el cielo de un leve tono anaranjado.

Bien no creo que haya otro ataques hasta en la noche pero tampoco tiene caso que volvamos a dormir… ya casi amanece… Ya sabes toda la historia, y sabes que nos enfrentamos a fuerzas del mal muy peligrosas. Entenderé sino quieres venir y puedes quedarte con la bolsa que te di, en pago por las cosas que has sufrido esta noche. Puedes meditarlo con la almohada si quieres… Emilio tú también ve a descansar Zarparemos en unas cuantas horas… Hoy será un largo…


********************

Valamar y Emilio  llegaron al malecón temprano por la mañana.  Los nativos que había contratado él cazaador habían llegado a la primera claridad del alba. Todos llevaban tatuajes de manchas de leopardo, o rayas de tigre por todo el cuerpo, y maquillaje azul en forma de relámpago en los rostros.

El barco del capitán Edric era el “ira de Kephisto” era  una imponente goleta de casi dos toneladas, estaba a alguna distancia de los muelles.

Llegaron por fin a su costado y  el capitán en persona saltó a recibirnos y darles la bienvenida  mientras un montón de indígenas abordo que trabajaban afanosos, moviendo barriles y limpiando la cubierta.

Como la ve mi señor ¿es una preciosura o no? Esta coqueta  tiene tanto tiempo parada que ya se estaba pudriendo en el muelle, cada día que la miro puedo sentir como desea surcar los bravíos mares y hoy por fin le llego el día.


Muy buen barco, Edric pero ¿Dónde está el resto de la tripulación?


No hay más tripulación, nadie quiere viajar a Bellazen aquí está toda la tripulación que pude reunir,  así que a trabajar, que esto no es un crucero, todos tendremos que trabajar al parejo si quieren que zarpemos rápido.

Valamar y Emilio cargaron con los mastiles . Los demás marinos subían las provisiones y algunas botellas de ron y de una especie de fortísimo aguardiente conocido como mata diablos. Aquella bebida era una patada en el estómago para la mayoría de los marinos, pero a los aborígenes les encantaba.

Ya casi estaban por zarpar, y solo cabía preguntarse ¿Dónde se había metido Nem? ¿se habría arrepentido acaso?

Aviso:

Off Puedes manipular a mi personaje a Ferian, al capitán, y a Emilio en tu próximo post
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Sáb 29 Oct 2016, 1:51 am

Se dio cuenta de la forma en que resbalaba la mirada de Emilio por su cuerpo, de haber sido pudorosa se habría tapado, pero alguien como ella que estaba acostumbrada a usar su cuerpo como reclamo y arma, no sintió ninguna vergüenza, aún así no lo animó sino todo lo contrario, le correspondió a su mirada con una repelente y desdeñosa. Solo era seductora y sensual cuando tenía algo que sacar a cambio, de hecho, cuando no había razón alguna para fingir, Skye era breve en palabras y fría en el tacto.
Lo ignoraría, hasta que tuviera algo que sacar de él, en ese momento sabía exactamente como tratar con los hombres como Emilio, sería tan sencillo que podían acusarla de hacer trampas.

Valamar hablaba en el tono que usaría un lider, y Emilio respondía a sus ordenes como si de hecho lo fuera. Eso aumentaba un poco la confianza en él, a pesar de que no le hubiese contado nada, al menos tenía la impresión de que Valamar sabría manejarse en cualquier situación adversa, y por como se adivinaba su carácter, no creía que fuera a dejarla tirada si llegaba a necesitarlo.
Pero no tenía intención de depender de nadie si podía evitarlo.

Una daga de obsidiana... ¿Para qué la necesitaba? Seguramente nada bueno. Nem sintió un escalofrío recorrerle la espalda, no sabía si era el frío que había dejado aquel espectro, ser o lo que fuera, o si era un mal presentimiento.
Dejó que Valamar sujetara su brazo y examinara la herida y asintió para luego seguirlo al interior de la habitación.

Se dio cuenta de que su casi desnudez no le causaba agrado, quizás lo ponía nervioso, o fuera otra cosa. Ella no había pretendido estar en ropa interior delante de él y tampoco estaba disfrutando con exponerse, por poco pudorosa que fuera, así que en cuanto entró fue directa a la mesa. Lo primero que hizo fue ponerse los pantalones de cuero y el pequeño corpiño, declinando la cobija que le ofrecía. Después de aquel aterrador y confuso episodio, no volverían a tomarla desprevenida – y desnuda – esa noche.

- Gracias. - dijo de todas formas, al ofrecimiento.

En cuanto lavaron la herida con vino sus músculos se tensaron al igual que su mandíbula mientras apretaba los dientes. Hizo todo lo que pudo por no gritar y aguantó bien las primeras arremetidas de dolor. Estaba segura de que otros en su lugar habrían reaccionado peor, pero eso no evitó que gritara cuando la daga entró en contacto con su carne, y que al final de todo el proceso, se sintiera exhausta y dolorida.

Se tumbó en la cama, con el sudor frío pegado a la piel pálida, haciéndola resplandecer a la poca luz de una vela. La historia de Velamar la mantuvo en vilo, mientras relataba sucesos de los que no había oído hablar, y mencionaba a semidioses, emperatrices de pueblos lejanos, y de la lucha que llevaba a cabo su amada contra la oscuridad y su propia hermana.
A Skye todo eso le dio dolor de cabeza, y la sumió en un estado de confusión reflexiva. El amanecer les sorprendería hablando, mientras que ella no tenía aún nada claro que iba a hacer.

Miró a Valamar cuando habló por última vez, en su voz quizás, le pareció notar que no estaba muy convencido de volver a verla. ¿Quién podía culparle? Si ella estuviera en su sano juicio daría media vuelta y huiría de ese hombre y de sus historias de divinidades y guerras entre el bien y el mal. El bien y el mal no existían, para ella no, había vida y había muerte, y no estaba segura de cual de las dos valía más. ¿No era el mundo así? Cruel, injusto, despiadado...

Reflexionaría antes de tomar una decisión. El silencio fue lo único que regaló a Ferian, Emilio y Valamar antes de que la dejaran sola en su habitación.

. . .

El canto de las gaviotas le llegaba por la ventana junto con el sol. Un nuevo día empezaba y se llevaba el pesimismo de la noche, aunque no las dudas y los temores. Pero con eso bastaba. Skye bajó a la planta inferior tras recogerlo todo y se acercó a la barra. Pidió leche para beber, y no desayunó nada más, no tenía apetito. Mientras Ferian se la servía en un vaso tan impoluto como el resto de su posada, ella apoyó el brazo bueno y le hizo una pregunta, en voz baja, aunque audible.

- ¿Puedo fiarme de él?

Si tomó por sorpresa al posadero, no se lo hizo saber. El hombre esperó a acabar de servirle el vaso y dárselo, y no contestó hasta que ella había dado el primer sorbo.

- Es un buen hombre. - Fue todo lo que le dijo, y lo acompañó de una sonrisa. - Tuviste una mala noche, pero que no te asusten las historias. Eres joven, es la mejor época para vivir aventuras.

Tenía algo contagioso en su sonrisa que hizo reír a Skye, de forma genuina, lo cual era extraño.

- Voy a necesitar darme un baño antes de salir. -

El posadero asintió y a voz en grito llamó a una de sus empleadas, no tardaron mucho en tenerle el baño preparado. Tras pagar, entró en una habitación pequeña con una tina de madera, que habían llenado de agua, fría y caliente, hasta dejarla tibia.
Con cierto recelo volvió a desnudarse y se lavó hasta quedar pulcra, limpia como una patena. No se demoró mucho, sabía que los chicos estarían en el puerto a esa hora, y si no aparecía, lo tomarían como que había decidido no participar de su “aventura”.

. . .

El viento con sabor a sal le revolvía el cabello húmedo y lo hacía ondear a su espalda como una bandera de sangre. Se había puesto otro vendaje tras lavarse con la ayuda de Ferian y había partido tras comprar algunos biscochitos dulces, de los cuales no había probado ninguno.

El puerto ya estaba animado de buena mañana, había tripulantes soltando cabos y otros tanto amarrándolos, estibadores cargando, incluso alguna puta haciendo una tempranera ronda. Aquel debía ser un muelle con mucho comercio.  El ruido de las olas, las aves y las voces de la gente se mezclaban en una algarabía no tan desagradable como pudiera parecer a primera vista.
Valamar no le había dicho cual era la embarcación en la que partirían, pero no hizo falta, lo vio en la cubierta y no tuvo problemas para reconocer tu porte.

Cuando llegó parecían a punto de zarpar, y se alegró de haberse demorado al ver a los dos hombres con los que viajaría haciendo “tareas de barco” como ella las había llamado. Al menos ahora tenía una excusa para no rebajarse, aunque viniera con vendaje incluido.

- No pensaríais iros sin mi ¿Verdad? - Sonrió.

Emilio ya estaba observando nuevamente sus curvas en cuanto su voz le atrajo, aunque en esa ocasión no se podía decir que fuera más disimulado, el hecho de que no hubiera tanta tensión como antes ayudó a relajar los ánimos de Skye que solo le ignoró.
En cambio la mirada del capitán le resultó más inquietante. No era una resbaladiza y lujuriosa como la de Emilio, sino más anhelante. Le bastó cruzar la mirada con él dos segundos para saber que le mataría sin dudarlo si intentaba ponerle un dedo encima. La respuesta de Nemura fue glaciar.

- Valamar, necesito... - Su frase quedó interrumpida a la mitad por las palabras del capitán del navío, lo que aumentó más la repulsión que ya sentía por ese hombre.

- No se dijo nada de una mujer a bordo. Traen mala suerte. - Sus palabras le arrancaron una mueca a Skye, que se giró para responder.
- Estoy segura de que te han pagado suficiente para afrontar la mala suerte.

El hombre no le hizo ningún caso, como si no fuera a incluirla en la conversación que sin duda no había iniciado con ella. Con un gruñido ella volvió a girarse en pos de Valamar. - Necesito hablar contigo.

Dijo en tono tajante, para luego añadir. - A solas.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Sáb 29 Oct 2016, 3:30 am

Luego de la tajante contestación de Nem, el capitán refunfuño un par de juramentos y continuo dando órdenes, visiblemente molesto. Valamar asintió a Nem y le hizo un además de que la siguiera.

Las cosas seguían su curso mientras…

¡Vamos! Malditos flojos… ¿Qué hacen? Al que vuelva a ver haraganeando lo pasare por la plancha.

Las cadenas de las anclas, tanto tiempo silenciadas, rugieron para comprobar su estado.

Los camarotes de proa serian para Nem y Valamar, el resto dormía en los camarotes situados bajo el puente de mando

Todos trabajan sin duelo, mudando las provisiones y las literas, El cocinero trepaba por las velas con la destreza de un mono, Edric supervisaba a todo mundo. Se podía respirar en el ambiente hambre de aventura y de hacerse a la mar  Todo era tan nuevo e interesante para los guardianes, las órdenes rápidas, las notas agudas del silbato, los marineros corriendo a sus puestos a la luz de las farolas del barco.

Anda, Edric. Cántanos una Canción de mar
-gritó una voz.

Aquella vieja canción de mar
-dijo otra enfatizando.

Bien, bien, compañeros

Dijo sonriendo y en seguida empezó a cantar la tonada y la letra que  es ley que todo hombre que haya estado en un barco pirata se sepa de memoria:

Quince hombres van en El Cofre del Muerto...


Y entonces toda la tripulación siguió con el coro:

¡JA, JA, JA, y una botella de ron!


Y al tercer « ¡Ja! » las barras empezaron a voltear con brío. Pronto las velas comenzaron a tomar viento, y la tierra y los barcos a desfilar a uno y otro lado. Él ira de Kephisto había empezado su viaje hacia la aventura….

Mientras tanto Valamar había conducía a Nem por toda la cubierta, las miradas lascivas de los aborígenes tampoco se hicieron esperar, sin embargo y a diferencia de Emilio, ellos si bajaban la vista cuando  sus ojos se topaban con los de ella.

Llegaron al camarote del capitán, Valamar lo inspecciono un poco le hecho una ojeada las cartas de navegación cotejándolas con las dos viejas bitácoras del antiguo capitán

¿Y bien Nem? ¿de que querías hablarme?
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Sáb 29 Oct 2016, 4:10 am

Iba a ser un viaje más duro que el que hacía tan solo un día la había dejado en las costas que ahora estaba a punto de abandonar. Un día. Con todo lo ocurrido la noche anterior, lo sentía como si hubiera sido hace semanas que se bajara del barco en aquel puerto para buscar una posada y topara con Valamar. El mismo que la guiaba en ese momento a un camarote para hablar en solitario. Iba a tener que tomar algunas precauciones si quería llegar vivo a su destino, y por alguna razón Skye creía que si él no lo lograba, su sino se vería abocado a la misma tragedia, así que, por su bien, tendría que hablar con Valamar de su seguridad.

Las paredes de madera bajo las que se cobijaron amortiguaron un poco el ruido que estaban haciendo los marineros. Aquellas canciones le hacían pensar en piratas, más que en mercaderes o transportistas. Y viendo a la tripulación, tampoco le habría extrañado enterarse de que llevaban una bandera negra. No es que le importara, no le hacía remilgos a nadie, no se podía decir que ella estuviera del lado de la ley.

Un suspiro escapó de sus labios cuando por fin estuvieron a solas. - Me siento como un pastel en una fiesta de niños. Esto puede ser un poco agobiante, siendo la única mujer abordo. - Se cruzó de brazos y ladeó la cabeza. - No dudes que me defenderé con extrema dureza si alguien intenta ponerme la mano encima.

Pero no le había pedido hablar para eso, aunque no estaba de más informarle de que su compañía podía llegar a ser problemática. Seguro que todos se llevaban las manos a la cabeza si tiraba a uno de los marineros por la borda, o le rajaba la garganta al capitán... Flojos.

- No quería hablar de eso. - Empezó a mover los brazos, gesticulando. Era un síntoma de su nerviosismo, que atajó tan pronto como fue consciente de estar realizando. - Ese espectro no intentó matarme. - Se miró el brazo. - Aunque no fue precisamente amistoso... ¿No?

Hacía unas horas estaba aterrada, en ese momento bromeaba. No podía evitarlo, incluso cuando se tomaba algo enserio, daba la impresión de que podía hacer guasa de todo.

- Me ofreció una cuantiosa recompensa por llevarte ante su emperatriz. - Dijo, directa, sin endulzar la realidad. - Aunque no tengo intención de traicionarte, no te lo digo por tu confianza. - La forma en que cruzó los brazos dejó en claro que no tenía ningún interés en ganársela, y quizás la hizo ver como la persona solitaria que era, cerrada en si misma. Podía mostrarse al mundo muy amistosa, incluso seductora, pero en el fondo, nunca intimaba.

- Si intentó tentarme a mi, pudo intentarlo con cualquiera de los que están a bordo. Eso pone las cosas interesantes. - Le miró a los ojos. Suponía que no estaba diciéndole nada que no se imaginara él por si solo, pero le aliviaría el peso de los hombros tener que preocuparse por una persona menos que pudiera apuñalarle por la espalda. Tal vez. - Será mejor que no te separes de tu espada ni para dormir, y que recuerdes que tanto yo como... - Sacudió la cabeza haciendo una mueca. - Ese baboso amigo tuyo estamos en tanto peligro como tu.

Se apoyó en la pared, cruzada de brazos, mirando al suelo murmuró algo sobre su odio hacia los barcos, y volvió a alzar la mirada, aunque en esa ocasión para pasearla por la habitación.

- No hago esto a menudo. Quiero pedirte algo, no exigirlo, es una petición. - Torció los labios. - Mencionaste a un “mago”. Luego a un semidios, lo que sea. Cuando tu amiga lo encuentre, si es que lo hace, quisiera hablar con él. Esa es en realidad la razón por la que he venido.

Y era verdad que no lo hacía a menudo. Mostrar sus cartas, de forma tan sincera. Pero pensaba que tendría más posibilidades de conseguirlo si en esa ocasión se apoyaba en los que la acompañaban.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Sáb 29 Oct 2016, 5:45 am

Al principio Valamar no la veía, la escuchaba con atención, pero no dejaba de cotejar las bitácoras pese a que muchas cosas no las entendía. Nuevamente las preocupaciones de Nem eran razonables y sabía que tenía que calmarla o las cosas podrían empeorar. No quería que se siguiese sintiendo nerviosa, ella era su asalariada, debía imbuir en ella la confianza  necesaria, para seguir adelante con la empresa, así como despejar todas sus dudas.

Dejo los pergaminos y clavo su mirada en ella. Noto que el pelo le lucia radiante recién bañada y  a la luz de las velas del camarote.

Entiendo tus preocupaciones, y de aquí en adelante estamos juntos en esto, , es verdad que eres la única mujer abordo, pero no te harán nada, por lo menos no por morbo. Estos hombres beben comen y follan como gallos de pelea nada más pisar puerto  para luego regresar a los pocos días  a la mar de nuevo, sin más tesoro que la camisa que llevaban puesta. Y Emilio es un mujeriego empedernido pero jamás ha violado a una mujer, en realidad es un buen tipo, quizás deberías tratarlo un poco solo para cerciorarte que de verdad es de fiar.

Hizo una pausa para ver si lo estaba siguiendo y luego prosiguió

Sin embargo estoy de acuerdo contigo, Malkôra puede intentar mandar otro espectro para  seducir a alguien más o incluso atacar a uno de los dos. Podemos turnarnos las guardias. Amo mucho a Kaela, jamás la traicionaría, así como tú has demostrado tu lealtad al decirme todo esto, por lo que tienes mi palabra que no intentare propasarme contigo mientras duermes, y sé que puedo confiar en ti cuando me toque dormir a mí, en cuanto a lo otro…

Valamar lo medito un momento como dudando si decirlo, pero luego pensó en que a ella no debería ocultarle nada, aunque no fuese importante, si iban a confiar el uno en el otro, no debían de guardarle secretos. Si ella se estaba sincerando con él. Lo más que podía hacer, era sincerarse con ella.

La verdad es que dudo que ese tal dios de la noche exista… quiero mucho a Kaela pero esas historias… bueno no sé, digamos que es muy dada a seguir rumores, yo solo quiero encontrarla, y si el tal mago, semi dios, deidad o lo que sea existe y quieres hablar con el no tengo ningún problema.

Llego su momento de callar,  se queda mirándola a la espera de lo que la pelirroja  tuviese que decir al respecto.

*******

Afuera en cubierta las cosas seguían su curso natural cuando se escuchó un grito:

¡Barco a la vista!

El capitán Edric que todavía estaba supervisando las maniobras, salió hacia la borda y examinó la superficie brumosa y grisácea del mar con ojos penetrantes, pero no pudo ver nada.

¿Hacia dónde? —preguntó con voz atronadora, haciendo bocina con las manos.

¡Un punto y medio por la amura de babor! —le respondieron.

¡Ya lo veo! —Grito la capitán, jadeando como una morsa asmática—. ¡Allí está; por todos los dioses pensé que era un isla pero parece una galera!


Ahí, navegando entre la  neblina de la tormenta, vio que era “el Infierno”  se acercaba.

El infierno o “caga fuego” era la negra nave que, a juicio de casi todos los navegantes locales, era el armatoste más enorme, feo y poco maniobrable que hubiera surcado nunca los mares.

No se trataba de una goleta, una fragata o una corbeta, sino que parecía una especie de engendro a mitad de camino entre una antigua carabela y una carraca, aunque demasiado ancha  irregular y deforme hasta el punto de que cabría suponer que en su construcción no se había utilizado plano alguno. Su envergadura era la más pura representación de la tiranía.

“Caga fuego”  era su sobrenombre debido a que solía contar con más de noventa arpones incendiarios mismos que usaba cuando se enfrentaba contra flotillas. Pero aquel sería el enfrentamiento de barco contra barco, por lo que aún había esperanza.

¡Por todas las entrañas! ¿Qué demonios hace el infierno aquí?  Maniobras evasivas. Y Preparad balsas de humo —musitó, y la voz fue corriendo de hombre en hombre a lo largo de la cubierta.

Las citadas «balsas» no eran en realidad más que enormes fardos de paja impregnada en aceite y cebo de ballena que al incendiarse generaban una densa humareda que dificultaba la visión de los arponeros, favoreciendo así la huida de los navíos en apuros desafortunadamente dichas balsas no alcanzaron a prender, porque empezó a llover un poco.

El infierno ya se veía perfectamente. Podían distinguirse las esbeltas líneas de su casco bajo, que estaba pintado de color rojo. Una espuma blanca bañaba sus costados, donde la doble hilera de remos se hundía de manera acompasada en las aguas.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Sáb 29 Oct 2016, 6:39 am

Escuchaba sus palabras, y aunque eran tranquilizadoras, no harían que bajara la guardia. - Se como funcionan las mentes de muchos hombres. - Le dijo, mostrando una media sonrisita irónica. - Mi madre es dueña de unos cuantos burdeles. - Solía llamar a Irina madre, aunque no lo fuera, porque era lo más parecido que existía para ella, y en muchos sentidos, había sido mejor madre de lo que la de verdad pudo o quiso ser. Se sintió extraña al hablar de ella, de algo tan personal. No le gustó. Pero Valamar era carismático, debía reconocerselo, si había conseguido sacarle un detalle sobre su vida.

- No pienso que tu amigo fuera a violarme. Del que no me fío es el capitán de esta bañera marina. - Dijo en la pausa que siguió a las palabras de Valamar. Normalmente ella no era tan habladora. - Me fío de ti. - Alzó una mano, como para decir que no tenía que darle más vueltas al tema. Y era cierto, se fiaba de que él no iba a ponerle una mano encima, al menos. No había hombre más inofensivo que uno enamorado.

- Hacer guardias no creo que vaya a servir de mucho, pero no hacerlas sería estúpido. La cuestión es... Lo que quiero decir es que solo pueden hacer dos cosas, una sería prendernos por la fuerza, atarnos y entregarnos a cualquier agente enemigo una vez lleguemos a tierra – No mencionó que también podían matarlos, por supuesto. - . Pero eso solo podría hacerlo el capitán, no creo que un marinero pueda convencer al resto de que nos traicionen, ni de que haya espectros para repartir empleos a traidor. - Carraspeó para aclararse la garganta, que tenía un poco reseca. - Pero enviar un mensaje para que nos tendieran una emboscada si que podría hacerlo cualquiera... Si no lo han hecho ya.

Frunció los labios dejando pasar un largo silencio cuando Valamar mencionó que no creía que existiera ese dios de la noche. Ella tampoco es que se sintiera segura, ni siquiera las tenía todas consigo en cuanto a que si existiera de verdad, quisiera hablar con ella.

- Necesito encontrar a un mago. No tenía en mente buscar a una divinidad, pero a caballo regalado... - Se mordió el labio inferior, dudando. - Pero creo que el destino me ha puesto en este camino, por alguna razón.

Cruzó ambas manos sobre su vientre. - Esa criatura de la posada era muy real. Yo no me daría prisa a descartar...

Su frase se quedó a medias cuando una sacudida la hizo tambalearse y estirar un brazo hacia la pared para sujetarse. Aunque ella no lo sabía, eran las maniobras evasivas de la embarcación. Un pequeño acceso de nauseas amenazó con hacerla vomitar, por suerte no había desayunado más que un vaso de leche y pudo aguantar.

- ¿Ese capitán no sabe siquiera como manejar su propio barco? - Se quejó en tono ácido. Pero otra sacudida dejó en claro que aquello no eran movimientos normales. Miró a Valamar, ya con la paranoia pintada en los ojos. Empezaba a imaginarse un ejercito de espectros caminando sobre el agua e intentando volcar el barco.

- Deberíamos volver a cubierta.

Y en cuanto lo dijo se encaminó hacia arriba, ya a tiempo de escuchar los gritos de los tripulantes. El sol la cegó durante un segundo antes de que una llovizna le diera en la cara. En la cara de pasmada que se le quedó al contemplar aquella amorfa embarcación.

- Mithas, protégeme de los barcos que son abortos de otros barcos...
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Sáb 29 Oct 2016, 8:10 am

Las observaciones de Nem eran inteligentes  a Valamar le daba gusto de que aquella aliada fuese tan suspicaz y no solamente otra cara bonita. Tenía experiencia y una mente muy estratégica y eso era sumamente de su agrado.

Un amotinamiento por parte del capitán, dices…
—Dijo pausadamente tras reflexionarlo. “el capitán de esta bañera” Sonaba simpática la forma en que lo desdeñaba y lo cierto era que lo que decía le preocupaba tanto como a ella.

Entiendo el riesgo pero que propones…
—No hubo de terminar la frase pues las sacudidas también lo hacían destanteado a él también.

- Deberíamos volver a cubierta.

Valamar salió detrás de ella y cuando ambos llegaron a cubierta el capitán dedicaba unas palabras a sus hombres antes de que la batalla diera comienzo:

Durante años os he mandado lo mejor que he sabido, y admito que me habéis obedecido lo mejor que habéis podido. Han sido buenos años y esta noche el infierno negro ha venido ha venido a tocar nuestras puertas  —Sonrió con una cierta amargura.

De nosotros depende que esos años continúen. Vamos a darle muerte a esos chacales marinos. ¡Todo el mundo a cubierta con espadas, picas y defensas!


Obedeciéndolo los combatientes se apiñaban delante de la borda ajustándose las corazas y las correas de sus cascos. Otros afilaban sus sables con piedras de esmeril.

Al que estaba al control del timón. Edric le indico:

Embiste al enemigo de frente, si esa cosa nos golpea por detrás o por un costado.  Nos uniremos a tus amigos en la cava de Davy jones. Pégate lo más pronto posible para que no usen sus arpones contra nosotros.

El infierno negro ya estaba cerca, llevaba extendidas sus dos velas triangulares, como si se tratara de un reptil volador de tiempos remotos.

Capitán Jack Satanis
Spoiler:


¡Lanzad una andanada de flechas! —exclamó Edric. Todos los  arqueros y las cuerdas emitieron un chasquido al unísono. Con un silbido semejante a una ráfaga de viento, una nube de flechas salvó la distancia que separaba a los barcos y cayó dentro del casco de la galera.

Casi todas las saetas dieron en lugares que no alcanzaban a verse.

Normalmente, una andanada de flechas como aquélla habría dejado fuera de combate a unos cuantos remeros, lo que se hubiera reflejado en el rítmico batir de los remos, hasta que las víctimas hubieran sido reemplazadas.

Pero los remos seguían subiendo y bajando con un compás imperturbable.

Una segunda andanada de flechas rebotó sin hacer ningún daño contra la fuerte proa de la galera del infierno embistió en violenta coalición contra el Kephisto.

Valamar por su parte buscaba a Emilio con la mirada inútilmente así que recurrió a la unica aliada confiable que le quedaba: Nem

Sabes pelear espalda con espalda? Le pregunto al tiempo que desenfundaba su Acero

¡Arriba el ánimo, muchachos!
—Rugió el capitán mientras alzaba su sable—. ¡Empuñad vuestras armas, nombrare contramaestre a quien me traiga la cabeza del capitán Satanis!

Los garfios de abordaje de la nave enemiga cayeron sobre la cubierta para aferrarse al maderamen. Sólo entonces se abrieron los portalones de proa, se extendió la plancha y el equipo de abordaje saltó a la cubierta del “ira de Kephisto”

Los hombres que atacaba la embarcación tenían la piel cobriza y los ojos rasgados, así como los pómulos salientes y narices aguileñas.

¡Todos a las armas! ¡Repeled el abordaje…!


Las vísperas de las batallas excitaban mucho más a los contendientes que la batalla en sí. Y pronto daría comienzo esta.

Especificaciones:
Si te sirve, puedes  cargarte unos cuantos npcs. A excepción obviamente de los dos capitanes.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Dom 30 Oct 2016, 12:26 am

Observó de reojo al capitán dando su arenga a la tripulación. Se le veía a sus anchas pese a la situación, a pesar de lo cual sus palabras no la animaron lo más mínimo. Su barco era más pequeño, su número seguramente más reducido y era posible que aquello no fuera fruto de la casualidad, sino las consecuencias de los enemigos mortales que se habían fraguado al emprender ese viaje. Había demasiada conveniencia en los acontecimientos. Primero lo ocurrido en la noche, luego un ataque en cuanto zarpaban. Ante la duda, era mejor ponerse en el peor de los casos, y el peor de los casos sería que los piratas les buscaran, o al menos, buscarían a Valamar.

- Tu no crees que esto sea una casualidad ¿Verdad que no? - Le preguntó al rubio, mientras tomaba una de sus espadas cortas.

Siguió al capitán con la vista mientras este se movía repartiendo ordenes a voz en grito. ¿Embestir a esa monstruosidad, de verdad era una buena idea? El sabría lo que se hacía, supuso. Tendría que concederle eso. Aquel viaje no iba a hacer que reencontrase su amor las embarcaciones, algo que estaba claro. - Odio los barcos... - Masculló tras un gruñido de impotencia.

Las flechas volaron y ella intentó seguirlas con la mirada. Las embarcaciones estaban tan cerca que apenas unos segundos las separaban del colapso. De un salto se agarró a uno de los mástiles justo antes de que el brutal impacto sacudiera toda la embarcación y el sonido a madera quebrada restallara en el aire como una explosión. Los gritos de los hombres fueron la antesala al caos que estaba formándose. Buscó a Valamar para volver a acercarse a él antes de que las cosas se pusieran realmente feas.

- Se. - Fue todo lo que contestó a su pregunta, antes de tomar una de sus cuchillas arrojadizas y lanzarla para ver como se clavaba en el pecho de uno de los asaltantes que saltaba por uno de los cabos de abordaje. De haber tenido el brazo sano le habría dado en el cuello, se dijo, pero la herida de la noche anterior le pasó factura, y aquella no era una herida mortal, pero fue suficiente para hacer que se soltara y cayera al agua.

Dejó su espalda a palmos de la de Valamar, mientras sostenía firmemente la espada en una mano y observaba el inicio de la batalla. Si otros se dejaban embargar por la adrenalina y la emoción previa a la contienda, ella permanecía en calma y al acecho. Tenía que evitar que les rodearan, y si como temía, sus enemigos iban detrás de Valamar, estaría en el lugar más peligroso del barco, junto a él.

Mantenía las piernas flexionadas para evitar que el vaivén del barco la hiciera tropezar. La postura realzaba su feminidad, la hacía parecer más pequeña, y contribuía a hacerla más inofensiva a la vista: no era una casualidad, estaba ensayada para distraer al enemigo y empujarlo a subestimarla. No funcionaba nueve de cada diez veces, cuando los que se enfrentaban a ella sabían lo que hacían. Pero aunque solo hiciera efecto una vez, cualquier ventaja podía ser la diferencia entre matar y morir. Su maestro la había enseñado bien.

El primer enemigo la atacó por la derecha. Cruzaron espadas bajo aquella fina llovizna que amenazaba con hacerles resbalar. Detrás de ella tenía a Valamar y eso le transmitía seguridad, suficiente como para concentrarse completamente en la pelea.
La cimitarra del asaltante era más pesada que su espada corta y su brazo más fuerte, con cada embiste la obligaba a retroceder algo de terreno, un terreno por el que tenía que luchar a muerte. No eran malos combatientes aquellos asaltantes. Esperaba que los de su bando tampoco lo fueran, o estarían condenados.
Con una finta se coló por un costado del pirata de piel cobriza y le realizó un tajo en la parte posterior del muslo, el otro le respondió con un codazo que le alcanzó en la clavícula y la hizo retroceder. Fingió que se tambaleaba y quedaba aturdida, y el enemigo mordió el anzuelo. Avanzó decidido a ejecutarla y cuando atacó ella se movió rápidamente, sorprendiéndolo y evitando el golpe para pegarse a su cuerpo. A esa distancia tan íntima, el perfume femenino debía de ser tan fácil de oler para el pirata como lo era para ella el olor de su sudor y de su sangre, puesto que le había enterrado una daga en las costillas. Al separarse lo remató con la espada y recuperó la posición.
Aunque cada lucha pareciera una eternidad, solo habían transcurrido unos pocos segundos y el caos se mantenía inalterado.
Un solo hombre no hacía la diferencia y otro ocupó su lugar. La atacó con fiereza obligándola a retroceder nuevamente hasta que su espalda se estrelló contra la de Valamar.

- ¡Per... don! - Gritó ella mientras luchaba para mantener alejado el filo enemigo con la fuerza de sus brazos, empujando su espada corta. La herida volvió a pasarle factura y el acero del pirata se clavó lentamente, cortando la piel del hombro como si fuera mantequilla. Si se apartaba, la hoja seguiría hasta la espalda de Valamar. Y sino, unos centímetros más y le cortaría el cuello. Estaba atrapada, el brazo derecho le ardía y los músculos parecían estar hechos de fuego. Su respiración se aceleraba por el esfuerzo.

La embarcación se tambaleó violentamente haciendo que el pirata se tambaleara. Solo aflojó la presa un segundo, pero fue suficiente para que ella pudiera desviar la hoja hacia el costado y le diera una patada en la entrepierna, cuando él se agachó presa del dolor, su espada se hundió en su cara, cortandole la nariz por la mitad y llenandole la boca de sangre. Uno de sus ojos reventó por la violencia del impacto, manchandole el acero de un líquido blanquecino y un nervio colgante.

Apartó el cuerpo, jadeante, mientras la sangre se le escurría por un pecho desde el hombro.

- ¿Cuanto más aguantaremos? -
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Dom 30 Oct 2016, 1:59 am

Pese a que el infierno era una de las más temibles embarcaciones, sus tripulantes no eran tan fieros como cabría esperar, eso quizás el discurso del capitán que había inspirado bien a sus hombres, el caso es que el ira de Kephisto estaba repeliendo muy bien el abordaje.

Alrededor de ambos yacían una docena de cadáveres, fruto de la destreza del Cazador y la mercenaria.

Valamar estaba al pendiente de las acciones de la pelirroja tanto como de sus contrincantes, principalmente para evitar ser lastimado con ella, pero también para mirar complacido que se defendía bastante bien bloqueando los espadazos  y devolviéndolos incluso con su brazo lastimado y a pesar de las posturas extrañas que adoptaba en combate. Notaba que de vez en cuando tenía problemas con alguno que otro pero salía siempre victoriosa.

Incluso notaba que se soltaba peleando y se separaba de él ocasionalmente para luego volver apegarse a su espalda.

No te preocupes lo estás haciendo muy bien, eres una excelente guerrera


Al ver que no tenía ningún problema y que entre ellos dos estaban matando a más invasores que el resto de la tripulación se alejó de ella, dando un salto mortal hacia adelante, para luchar como siempre hacía; en solitario.

El grupo de abordaje de la galera enemiga invadía la plancha la cubierta Valamar corrió hacia a ellos antes de que se apoderaran del timón.

En un instante, Renji  se convirtió en el centro de un huracán de violencia; a su alrededor zumbaban las flechas y las lanzas, pero él se movía con una velocidad enceguecedora. Al tiempo que su espada cortaba el aire con su son de muerte.

La locura combativa se habia apoderado de el, y con los ojos velados por una roja neblina irracional, hundía cráneos, aplastaba pechos, cercenaba miembros y desgarraba entrañas.

Emilio apareció  de la nada y saltó desde la escala del puente de popa, empuñando su enorme espada, con el fin de apoyar a los defensores. Batió a tres enemigos que lo atacaban al mismo tiempo. Mas el cuarto, un enorme y gordo negro le rompió su alfanje, lo agarro por el cuello, lo levanto en peso y lo sacudió como si fuese una campana y luego lo arrojo al mar, el mar lo engullo.

El frío repentino lo golpeó como un martillo. El aire se le escapó de la boca en burbujas. El mundo se fue tomando cada vez más negro. No podía respirar.

Valamar no se lo pensó dos veces y  cayó ruidosamente al agua. Lastrado con el peso de su ropa y de la espada, que aún empuñaba, se hundió en el mar buscando a Emilio

Mientras tanto en cubierta, La bella Nemura daba cuenta de su último enemigo en turno cuando el mismisimo capitan Satanis en persona, la encaro frente a frente

Vaya creo que me he topado con  una furiosa sirenita
—Se burló el capitán de ella.

Ríndete cariño no quiero hacerte daño, te quiero completita. Si sueltas tus armas prometo que no serás dañada

La pelirroja tenía tres opciones dialogar y rendirse, enfrentarse a él pirata Stannis  y acabar con aquella lucha o bien intentar ayudar a Renji a ayudar a Emilio
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Dom 30 Oct 2016, 2:52 am

Dio un paso hacia la derecha esquivando la arremetida de una espada y repelió la siguiente con la suya, el sonido de metal contra metal le llenó los oídos en un instante en que se sobrepuso a los gritos de guerra, los estertores de muerte y toda esa clase de sonidos que se hacía en una batalla. Las palabras de Valamar eran halagadoras pero él se equivocaba. Se equivocaba al catalogarla como guerrera, no lo era, estaba entrenada para matar a objetivos normalmente aislados. Por supuesto sabía luchar, su maestro la había entrenado bien, había golpeado su cuerpo tantas veces que estaba segura de que no había ni un solo músculo que no le hubiera dolido al menos una vez en la vida.
Pero sencillamente, no estaba hecha para batallas largas.
La fatiga le pasaría factura, y a eso se sumaban las heridas. La más grave era la que le habían hecho la noche anterior, y eso era una noticia muy buena, teniendo en cuenta las circunstancias. A esa se unían golpes y cortes que había recibido en la lucha, ninguno por si solo era muy grave, pero en conjunto, empezaban a pesar.

Fue vagamente consciente de que Valamar se alejaba mientras esquivaba otro golpe y saltaba apoyándose en uno de los mástiles para caer sobre uno de los piratas. Era un movimiento estúpido que no habría realizado de ninguna forma si no le hubiera arrancado la espada de las manos antes con un desarme. Consiguió arrojar al pirata al suelo, aunque ella también cayó. Él la sujetó, confiando en su fuerza superior a la de la asesina, ella se lo permitió, mientras relajaba su cuerpo, y usó los pequeños pero afilados pinchos de su brazalete para desgarrarle la piel de las manos. En cuanto se soltó apuñaló apuñaló su garganta y lo dejó desangrándose en el suelo, tras recoger la daga.

Necesitaba un respiro, por pequeño que fuera. Pero antes de que tuviera siquiera la opción de recuperar el aliento, otro pirata pasó por encima del cuerpo de su compañero muerto gritando y blandiendo un alfanje. Con mucha mala saña le arrojó una de las pocas dagas arrojadizas que le quedaban directa al pie, esta se lo atravesó y se clavó al suelo lo suficiente para hacerlo caer. Eso era jugar sucio, tal vez, pero antes de que pudiera levantarse le hundió la hoja ya cubierta de sangre en la espalda.

Al levantarse tuvo tiempo para observar la cubierta del barco. Quedaban algunos focos de combate. Emilio estaba en ese momento arreglándoselas solo contra unos cuantos, hasta que un pirata demasiado grande para él lo arrojó al mar. Una pena... aunque no había llegado a conocerlo lo suficiente como para echarlo de menos. Buscó con la mirada a Valamar y lo vio corriendo hacia la borda por la que había caído Emilio.

- ¡Espera, no seas idiota! - Gritó, pero demasiado tarde, aquel estúpido ya había saltado al agua detrás de su amigo.

Para ella aquel era un error. Uno muy grande, que podía costarle la vida a Valamar. Era fácil pensar así cuando no se tenía ningún amigo, aunque eso solo la convencía de cuanto significaban los sentimientos debilidad.

Se dio la vuelta para encontrarse con otro enemigo. Por su porte, la forma en la que vestía y el que se tomara la molestia de hablar en lugar de arrojarse sobre ella, dedujo que tenía que ser el capitán de aquella embarcación que los había atacado.

- No lo se, he tenido tanta diversión matando a tus hombres que ¿por qué parar ahora? - Respondió en un tono sarcástico. Para respaldar sus palabras sacudió el brazo del último pirata al que había matado con la punta del pie.

Estaba preocupada por Valamar, y ese sentimiento la hizo tener vergüenza de si misma. Tendría que dejar que se ahogara con Emilio como había pensado que debía hacer él mismo.

- Está bien, me rindo. - Dijo acercándose a la borda por el lado que había visto caer a Valamar. Juntó los labios en una apretada línea observando al capitán y juntó las manos a la espalda, mientras ataba el mango de su espada a una soga, lo mejor que pudo, teniendo en cuenta que tenía un brazo herido y no veía lo que hacía con las manos. - ¿Ves? - Arrojó rápidamente la espada al agua, esperando no darle tiempo a fijarse demasiado dio un paso hacia un lado y lanzó su última daga arrojadiza apuntando al cuello del capitán.

Era un buen lanzamiento. Casi perfecto, teniendo en cuenta su estado y que tenía el brazo bueno herido, pero Satanis tuvo el tiempo y la destreza de detener la cuchilla con su espada. Ella contuvo el aliento hasta comprobar que había fallado, y maldijo en voz baja su suerte.
Esperaba al menos que la cuerda que había arrojado se hundiera en el agua por el peso de su espada y que Valamar tuviera la suerte de encontrarla.

- Dijiste que las soltara, no dijiste nada de en qué dirección. - Dijo sin perder el tono de humor negro en la voz, su mirada en cambio era glaciar y fulminaba al capitán Satanis. - “Capitán” ¿Verdad? - dijo en tono de burla. - ¿Qué te hace pensar que voy a entregarme por las buenas?

No le quedaban armas y todo el cuerpo le dolía. Alzó las manos, colocándose en postura de combate. Pero aquella era una pelea que no podía ganar, lo sabía. Lentamente las dejó caer a cada lado de su cuerpo y gruñó.

- Maldito seas. ¿Qué demonios quieres de mí?
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Dom 30 Oct 2016, 3:10 am

En cuanto Nemura dejo caer las manos a los costados una red cayó pesadamente sobre ella. Dando  oportunidad a sus agresores de atraparla. La espada que había lanzado había caído cerca de donde cayó Valamar y Emilio pero ambos habían desaparecido

Satanis la tomo por barbilla obligándola a alzar el rostro.

¿Qué quiero de tí? Serás para mi Sirena roja. Hay brujería en tus suaves labios y eres demasiado bonita para que termines como pasto para los peces

Sin Valamar y sin Emilio y con Nemura una vez capturada todos y cada uno de los tripulantes del “ira del Kephisto” fueron cayendo en manos de los temibles diablos del “Infierno”

Tiempo después la tripulación del Kephisto había sido puesta de rodillas y con las manos atadas a la espalda y en fila india a lo largo de toda la cubierta.

El capitán del infierno inspeccionaba a todos y cada uno  en persona para ver quien vivía y quien moría.

¿Sabes hablar español aborigen?


El nativo le lanzó una iracunda mirada y le escupió. Satanis alzó la vista hacia el oficial que lo guardaba y se pasó un dedo por la garganta. El Oficial no vaciló. Inmediatamente el indígena se desplomó.

La mirada de Satanis se posó en el siguiente hombre, al que formuló la misma pregunta:

¿Sabes hablar español?


Negó con la cabeza  el interpelado, mirando en todas direcciones. Nuevamente Satanis se pasó un dedo por la garganta. Mientras el otro aborigen caía.

Cuando le tocó el turno a Nemura, Satanis la tomo por barbilla  obligándola a alzar el rostro.

Tú ya dije que serías para mí. Eres hermosa y te ves adorable así, atada y sometida


Se irguió pesadamente, observó uno por uno a todos los presentes y por último se volvió a quien reconoció era el capitán.

Yo soy el capitán Satanis al servicio de su graciosa merced.


Pues a su  merced no le hace ni pajolera gracia
—replicó con manifiesta acritud el capitán Edric— ¿Porque nos atacan si también somos piratas?

Si no existiera el riesgo de acabar en la horca,o terminar prisionero, cualquier mendrugo se metería a pirata, con lo que estas aguas se encontrarían infestadas de cagones. Quien está dispuesto a matar tiene que estar, ante todo, dispuesto a morir…
— Fue la respuesta que obtuvo.

Ahora llévense este idiota al carajo


Se llevó la pipa a la boca como dando por concluida tan estúpida conversación.

¡Maldito!

Si juntara todas las lenguas  que me han maldecido bien podría hacerme una capa.


Se llevaron a  los tripulantes del Kephisto y a los aborígenes los mataron. A Nemura y a otras dos aborígenes les perdonaron la vida, solo por el hecho de ser mujeres  A Nemura le dieron un  fuerte golpe en la cabeza por detrás, el cual fue suficiente para tumbarla con la cabeza sobre la madera, algo inesperado y bruto al mismo tiempo.

Un segundo golpe la desmayo por completo. Las manos profanas y poco gentiles de uno de los piratas acariciaron su cuerpo. Se la llevo sobre su espalda cacheteándole el trasero

Minutos más tarde, el Infierno se desarbolaba del “Ira de Kehispto” para continuar su lenta marcha hacia el oeste.

A su popa iban quedando atrás el capitán Edric  y sus hombres, que chapoteaban en un pobre intento por mantenerse a flote, mientras alrededor de ellos comenzaban a girar los tiburones.

**********

A  Nemura se la llevaron al mismísimo camarote del capitán. Prisionera en el horrendo navío  todo pintaba de que  no pasaría bien la noche en el Infierno.

La más joven de las aborígenes  falleció cuando  se comenzaba la tercera ronda de violaciones, la otras, duro un poco más.

Por supuesto acabar en manos de una zarrapastrosa jauría de facinerosos, no era  el final idílico para Nemura cuando decidió embarcarse en esa empresa,  pero lo cierto era que nada podía hacer. La herida causada por él fantasma y los golpes recibidos la habían dejado agotada, y sin sus armas no era más que una simple mujer a manos de unos salvajes perros del mar.

Cuando a Nemura se le paso el mareo pudo echar un vistazo. No era el tipo de camarote donde se esperaba que residiera un truhan. Unos gabinetes laqueados negro y dorado recubrían las paredes: típicos diseños de artesanos Estigianos. Había elegantes sillones y sofás tapizados en satén color púrpura dispuestos en una sala de estar. Un escritorio de color ébano ocupaba el extremo más alejado, repleto de papeles y mapas; y hacia la izquierda de ella se erguía. Un antiguo escudo real pendía del dosel, cuyos colores negro, plateado y púrpura combinaban con los muebles.

La puerta se abrió paso a Satanis y luego azotó el marco de un golpe.

¿Dormiste bien peliroja? Luces tan bonita así desorientada… Vámonos entendiendo mujer roja, en este barco yo soy  el capitán y tú vas a ser mía…La cuestión es… ¿quieres ser tratada suavemente y con delicadeza, o prefieres ser tratada como un animal? Tú eliges. Una criatura hermosa como tu debería de recibir placer y no dolor pero si insistes en portarte mal, tendré que castigarte, tú eliges, placer prolongado o dolor prolongado. Estoy dispuesto a disfrutar con ambas cosas...
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Dom 30 Oct 2016, 3:56 am

Su mirada seguía siendo glaciar sobre la del capitán Satanis. Aún así su humor no desesperaba. Sabía que no le esperaba nada bueno como prisionera de un pirata, en el mejor de los casos la usarían como un juguete sexual, en el peor, aquel hombre tendría gustos sádicos.

- Ten cuidado con lo que deseas. - Dijo en tono mordaz, con la mano del capitán sujetándole la barbilla. Luego sacudió la cabeza para que le soltara. Estaba atrapada bajo esa red, la parte más pragmática de su ser le decía que se callara y aprovechara todo el tiempo que pudiera ganar para recuperarse. ¿Qué diría Dorbin, su maestro en los aspectos más crudos del asesinato, si la viera así, indefensa, en aquella situación?

“Tu te has puesto en ese lugar y tu tendrás que sacarte, palomita”. Casi podía oír su voz en su cabeza, con un tono inconfundiblemente irónico, que le hacía parecer risueño en todo momento.

Le ataron las manos a la espalda y la colocaron de rodillas junto al resto de la tripulación. En ese momento, aunque no sentía nada por ninguno de ellos, la embargó una extraña pena acompañada de ira al ver como mataban a los aborígenes, uno a uno.
Cuando le llegó el turno, el capitán volvió a alzarle el rostro para encontrarse con la misma fría mirada de antes.
Sus palabras la hicieron apretar los dientes. Quería matarlo, ver como se desangraba boqueando por aire en el suelo, y el miedo a la muerte impregnaba sus ojos hasta que toda vida desaparecía de ellos. Si tan solo tuviera una daga más...

- Solo me verás sometida cuando esté muerta. - Le contestó en tono agresivo.

Incluso el capitán del Kephisto estuvo a punto de caerle bien por un momento. Abatida, dejó caer la cabeza hacia delante, con el pelo cubriéndole el rostro. Miró hacia las aguas, esperando ver un rayo de esperanza, pero no había rastro alguno de Valamar.

Alguien le golpeó la cabeza haciéndola caer hacia delante, conteniendo un jadeo. El golpe había sido fuerte, pero aún así no perdió del todo el sentido. Lo último que vio antes de recibir otro, fue el suelo de madera de la cubierta, manchado de sangre. Después, la oscuridad reclamó su conciencia y su cuerpo quedó laxo y relajado en brazos del pirata que tuviera el dudoso honor de cargar con ella.

. . .

El mareo que sintió junto al dolor de cabeza cuando se despertó le recordaron cual había sido su destino. Pero el camarote donde estaba retenida la tenía desconcertada, no era lo que esperaba encontrarse. ¿Era de verdad parte de aquella horrenda imitación de barco que les había atacado? Suspiró, aquel capitán debía de ser un hombre teatral, y un narcisista. Su barco no tendría ese aspecto porque si, se trataba de infundir miedo, de hacer temblar a todos los que lo contemplaran. Y luego estaba ese camarote ¿Qué se creía que era, un aristócrata?
Malditos piratas.

- No se le puede llamar exactamente dormir a que te golpeen en la cabeza. - Respondió. Escuchó las palabras del capitán y cuando él acabó de hablar, una risa afloró en la garganta de Skye.

- ¿Me estas preguntando si quiero que me violen con suavidad y ternura o que me monten como a una perra? Que generoso de tu parte. - Tomó aire y se dejó caer contra el dosel de la cama, su máscara de indiferencia se rompió por un momento y una lágrima se deslizó por su mejilla. - Prefiero el placer. - Su cuerpo se relajó, con resignación. Arqueó ligeramente la espalda, haciendo que su pecho abundante destacara aún más, incluso sucia por la sangre propia y de sus enemigos, era una imagen seductora, lujuriosa.

- Seré tuya... no me compartas. - Miró hacia la puerta, no quería ser violada por toda la tripulación. Por supuesto, Nemura no se había rendido ante aquel hombre. Había crecido en un burdel, Irina, su madre adoptiva, había sido años antes de que ella naciera, una de las mejores cortesanas de Lesbia, y tanto ella como otras profesionales del placer la habían instruído en las artes de la seducción, y de complacer.
Tendría una oportunidad si Satanis la tomaba por una muchacha que se venía abajo y sucumbía a sus encantos, y ella le daría placer, entregaría su cuerpo tanto como fuera necesario para que él se creyera completamente a salvo entre sus piernas.

Y lo mataría, llegado el momento, lo mataría. Tenía que esperar a ese momento y jugar bien sus cartas, pues aún debía llegar a puerto, y buscar a Valamar, y sino a él, encontrar a aquella mujer, Kaela.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Dom 30 Oct 2016, 8:03 am

El plan de Nemura estaba funcionando. El capitán había mordido el anzuelo, la lagrima en la mejilla la posición sumisa, el arquear su espalda para resaltar sus encantadores pechos... al capitán le gustaba ser temido y que le temblaran las carnes a las mujeres que yacían con él.  Nemura sabía de esto y sabía manejar y manipular a hombres como él.

Los ojos de él no podían tampoco dejar de recorrer su silueta, ese traje suyo tan provocativo que tanto le fascinaba, ese corsé negro suyo y esos pantalones ajustados. El corazón del pirata latía alocadamente por la pelirroja y ahora sería suya.

Te tratare como tú quieras preciosa… haría cualquier cosa por robarte un suspiro. Mañana te llevare a la isla del hierro para que seas mía oficialmente, seras mi mujer y por supuesto que no te compartiré con nadie. Pero quiero que te olvides en este momento de todo, y no pienses en nada que no sea en nosotros mismos. El mundo puede esperar esta noche…

Satanis se acercó a ella y dejo entonces que su mano libre descendiera por su torso, acariciando esos pechos y pudo sentir como el vello de su cuerpo se erizaba excitante ante aquel tormento.

Contrario a lo que pudiera pensarse, el capitán la trato con una suavidad, impropia de un viejo perro de mar, parecía deslizarle  entre sus pechos como agua entre los dedos. Los besaba y masajeaba con ternura…

Mientras el besaba sus pechos, una polilla revoloteaba alrededor de una de las velas del camarote. Lentamente los besos del capitán en sus pechos se ralentizaban progresivamente hasta que sus labios se detuvieron cerca de sus pezones y las alas de la polilla se detuvieron en un segundo eterno con sus alas en plena combustión y se dio un silencio absoluto; El capitán ya se movía, se había quedado congelado.

En el centro del camarote aprecio un anciano cubierto de sus harapos que le hablo lentamente a Skye con la misma voz del fantasma de la posada. Era la voz de otro de lso enviados de Malkôra.

Oh es un final muy feliz el que estoy viendo ¿Crees que te has salido con la tuya? Has seducido a este capitán y ahora está comiendo de la palma de tu mano. Muy astuta Skye, muy astuta…

Casi siento lastima en arruinarte el momento y ennegrecer el corazón de esta basura…Pero rechazaste entregarme al cazador y pagaras por ello. Solo para que sepas que nadie desafía a las fuerzas del mal


Una vez dichas estas palabras, la polilla ardió en la llama de la vela de sebo y aquel anciano se había desvanecido en una neblina roja  y ahora la cara tierna del- hasta hace un segundo- tierno capitán se había desfigurado en un rostro maligno.

Cuando termine contigo, te enterraré hasta el cuello en la arena de la playa para que te coman los cangrejos…

No hubo golpe en la cabeza esta vez, sino que, sepultando aquellas cálidas y frágiles caricias de hacia un segundo, se llevó las manos al cuello de Nemura para estrangularla…

Sus dedos apretaban su garganta con una fuerza de hierro. La presión era gradualmente calculada para no matarla ni desmayarla simplemente aturdirla para después llevársela  a la bodega del barco.

Ató las manos de Skye a una cuerda que colgaba de un gancho, después tiró de ella hacia arriba hasta que quedó con ella sobre su cabeza y sus pies perdieron el contacto con el suelo.

Hurgo en sus pantalones para cerciorarse que no tuviese ninguna arma, luego le quito sus botas. Tras arrojarlas lejos, la desnudó completamente...

Se dedicó a estudiar su cuerpo minuciosamente y luego se colocó detrás de ella, agarro sus hermosos cabellos rojos y los jalo hacia atrás, se acercó más a ella, para oler más de cerca aquella vorágine de aromas, de hembra mancillada y vencida...

Sencillamente deliciosa,
— Exclamo cuando la pelirroja hubo reaccionado — Creo que necesitaras una calentadita para que se te quite lo estupida y sepas que que tu único dueño soy yo.

Sus pezones se erguían involuntariamente a causa del frío de la bodega, un gesto provocativo en toda regla. La joven roja se encontraba sumamente debilitada por el inhumano fresco que la había dejando moribunda, con los labios amoratados y la piel azulada.

Voy a disfrutar esto
— dijo felicitándose a si mismo por haberse apoderado de tan exquisito tesoro.

La rodeo tranquilamente, observando los lugares dónde suponía que le dolería que le dieran, se paró detrás de ella, y sus dedos comenzaron a colmar de caricias su espalda con sus manos tibias, bajando por la columna vertebral hasta llegar al trasero, el cual no dudo en apretar para luego comenzar a cachetear sus bien formadas nalgas.

Sin vacilar, las frías manos, placidas y lascivias de Satanis rosaron lentamente su desnuda espalda, alabándola, respirandola, aprendiéndosela de memoria. Luego con su lengua también afilada, áspera y dulce comenzó a lamer -en insaciada exploración- cada gota de sudor, a darle pequeños mordiscos suaves y sedeños, sin lastimarla todavía, luego besándole muy sutilmente casi con ternura sobretodo en donde los hombros y el cuello se ciñen.

Te preguntaras que tengo planeado ahora ¡Ja! pues muy simple. Te daré azotes en los muslos y tus nalgas hasta que desmayes de cansancio...


Comenzó la sesión de azotes íntimos que de principio eran suaves y sensuales, como una ligera lluvia pero con el paso del tiempo se incrementaba en fuerza.

Las manos de Satanis eran como dos paletas de hierro. Azote tras azote, las piernas de Skye sufrían el impacto de las manos duras de Satanis, mientas el mismo emitía una sincronizada y sensual sinfonía al golpear las carnes sumisas de la pelirroja, luego de unos minutos, Jack poso su mano derecha en el redondeado trasero, obligándoló a separarse ligeramente cada vez un poquito más.

Abrió la palma derecha y, al sentir el calor de las nalgas enrojecidas, volvió a alzar la mano y soltó otra serie de palmetazos sonoros, fuertes, sonriendo mientras ella se resistía. luego se detuvo y puso sus dedos en la húmeda hendidura entre sus piernas. Sus dedos no podían dejar de tocarla con deleite, de sentir ese calor callado...

Por fin Skye termino por desmayarse y ahí Satanis la violo.

*******************************

Decidió dejarla en paz. Tenía mucha hambre y tenía que dejar descansar a su nuevo juguete. Dejo a la pelirroja sola y desnuda en aquella oscura bodega…

Pasada la media noche. La puerta volvió a abrirse. Era Valamar que había conseguido infiltrarse en el infierno y por fin había hallado a Skye.

Alumbro su cuerpo con la luz del quinqué. Viendo el cuerpo desnudo de Skye. Se indignó al ver los líquidos blancos y rojos que le escurrían todavía en las entre piernas. Ese Satanis se había excedido en el castigo con ella. Ya se vengarían de él y de su tripulación algún día.

Shh tranquila. Te sacare de aquí


Cuando la desamarro su cuerpo cayó sobre su hombro, Le coloco sus ropas y el corsé que había recuperado del camarote de Satanis que ahora estaba emborrachándose con sus amigos en la cabina de mando.

La saco como costal de la bodega y se arrojó con ella al mar.  Afortunadamente, los tiburones, buitres y zamuros se habían quedado muy atrás devorando al capitán edric y su tripulación y Satanis por andar ocupado abusando de Skye se había olvidado de darles de comer

***********

Brazada tras brazada, Valamar nadó cargando con Skye. Con el brazo izquierdo la sujetaba de la cintura mientras que con el derecho braceaba. Sus pulmones trabajaban arduamente para contrarrestar la presión del agua. El miedo de que Satanis se diera cuenta de que habían escapado y mandaran botes de remo a buscarlos, lo impulsaba a seguir nadando sin detenerse…

Tres horas después Valamar salio de entre las olas con Skye en brazos y camino hacia aquella orilla. Recostó a Skye en la palmera donde había dejado a Emilio y se quedó tumbando en la arena, jadeando como morsa asmática.

La respiración le laceraba los pulmones con cada bocanada de aire, como si hubiera estado inhalando los vapores de un horno de fundición. Sus exhaustas piernas parecían pesarle como plomo; le zumbaban las arterias de los oídos y los músculos le dolían de forma tal que le daba la sensación de que algunos duendes traviesos estuvieran taladrándolo con fijas agujas.

Tiempo después logro estabilizarse y sentarse, se quitó las botas y vació el agua que había en ellas. La hazaña de recorrer varias leguas por debajo del agua y la lucha desesperada de mantenerse a flote, había minado considerablemente sus fuerzas.

En él bosque hubiese podido avanzar esa distancia sin problemas, pero las cosas en el mar eran bastante diferentes. Miro hacia el horizonte, la lluvia había cesado y el sol vuelto a aparecer, pero sentía la angustia de saber que había pasado con Edric y el resto de la tripulación del "Ira de Kephisto".

Emilio despertó tiempo después, tras procurarle alimento y contarle lo sucedido, le dio nuevas órdenes.

Iré a inspeccionar el perímetro. Cuídala como tu vida y si despierta antes de que yo regrese, cuéntale lo que sucedió.

Emilio asintió y después de agradecerle nuevamente a Valamar por haberlo salvado se quedó ahí junto a Nemura contemplándola con dulzura esperando a que ella despertase.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Dom 30 Oct 2016, 9:03 am

Sabía lo que se hacía, era muy buena en ello, y el capitán Satanis no se daba cuenta de como había caído presa de su seducción. Solo tenía ojos para su cuerpo, para cada curva que encendía su pasión. Al mirar su rostro, veía la belleza, en sus ojos encontraba calor. Todo aquel engaño, esa superficialidad, ocultaban a la asesina que esperaba detrás a que llegara el momento preciso para ponerle fin a su vida.

No le respondió. ¿Qué iba a decir? No era necesario hablar, aunque le sorprendiera la gentileza en la voz del capitán, que no se habría esperado minutos antes, y reconociera en su mirada algo más que lujuria, a ella no le interesaba nada de lo que pudieran hablar, salvo ese momento antes de morir en el que pensaba jactarse de ser más lista que él.

La acarició con ternura, una suavidad que era un regalo para su magullado cuerpo, pues ya había recibido suficiente violencia aquel día. Sus pechos encajaban bien en sus manos, aunque no pudiera abarcarlos por completo. Sus besos eran casi un bálsamo para su adolorida piel, cada vez más lentos, pausados.
Hasta que se detuvieron.

Fue consciente de que algo no iba bien un instante antes de ver la aparición. Sus músculos volvieron a tensarse bajo la piel ante aquella figura vestida con harapos y su voz, familiar, hizo que le recorriera la espalda un escalofrío. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Aquel espectro había vuelto para atormentarla una vez más, y no había nada que pudiera decir que fuera a hacerle cambiar de opinión.

Intentó revolverse, luchar, pero las manos del capitán se cernían sobre su cuello como un agarre imparable, le cortaban la respiración y le causaban un dolor atroz. Ni siquiera podía gritar, solo contemplar como iba dejándola sin aire, jugando con ella. ¿La mataría? No, claro que no. Antes la torturaría, estaba segura.

Muy débil siquiera para moverse, fue cargada en brazos del capitán como una marioneta sin hilos, hasta la bodega. Un lugar oscuro y envuelto en un frío antinatural que ayudó aún más a debilitarla.

- Hijo de puta. - Dijo en un tono de voz bajo, casi un susurro. No conseguía hablar más alto, y la voz le salía ronca, sin duda por el episodio de estrangulamiento de antes. Pero el capitán ya se encargaría de que pudiera gritar.
La colgó del techo como a un trozo de carne, con un gancho, atada por las muñecas, intentaba rozar el suelo con los pies pero era en vano. No podía sentirse más indefensa.

“Esto es lo que me habría esperado si me hubiera quedado en las calles”. Se dijo a si misma, teniendo una breve memoria de su vida anterior a conocer a Irina, en los bajos fondos de la ciudad, siendo solo un animal más en aquel repugnante mundo de pobreza. Hacía años que ni siquiera tenía pensamientos en esa dirección. “Al final no pude escapar del todo de ese destino”.

Las caricias del capitán la hicieron balancearse sobre las ataduras al intentar alejarse, en un acto reflejo inútil. Después de comprobar que no le quedaba ningún arma más encima, le quitó la ropa, dejándola completamente desnuda. Un tirón en el pelo le alzó la cabeza y le arrancó un gruñido a su garganta. Se revolvió de nuevo, a pesar de lo fútil que era resistirse. - Nunca serás mi dueño. - Murmuró entre dientes.

Vio como la rodeaba lentamente solo cuando se ponía delante de ella. Aguantaba la respiración cuando lo oía caminar detrás. La acarició con lascivia, buscando erizar su piel, se tomó su tiempo tanto con sus nalgas como con su espalda, que incluso lamió. Skye había dejado ya de forcejear con las ataduras, estaba demasiado débil para hacerlo.
Empezó a golpearla, con azotes íntimos al principio, no eran fuertes, pero las heridas y los golpes habían dejado su piel más que sensible. Después vinieron los azotes de verdad. Sus manos restallaban como látigos contra su carne turgente, le amorataban la piel tras enrojecerla. Había empezado a gritar con cada golpe hasta que perdió la voz y solo pudo articular gemidos roncos. No sabía cuando tiempo había estado golpeándola, pero notaba el trasero, los muslos y la espalda ardiendo. Sus ojos estaban empapados en lágrimas de las que se avergonzaba, aunque podía decir al menos que no la había oído llorar.
Se revolvió de nuevo cuando notó los dedos del capitán sobre su sexo y como lo oprimían. Hasta que las fuerzas la abandonaron, pero no completamente.

Creyó desmayarse, pero no estaba en una inconsciencia profunda. Iba y venía de un sueño amargo, mientras sentía las dolorosas penetraciones del capitán, que golpeaba sus carnes con las suyas, mientras la sujetaba, clavando las uñas en su piel. Volvía a quedarse inconsciente para despertar una vez más con nuevos dolores y humillaciones.
Hasta que finalmente la dejó, colgada, y se fue. No pudo mantener la conciencia, aunque a ratos, rastros del dolor sufrido volvían a despertarla.

Cuando creyó oír abrirse la puerta, apenas pudo levantar la cabeza para mirar. ¿Empezaba a delirar? Seguramente, si veía a Valamar acercarse. ¿O sería otra venganza de aquel siervo de Malkôra? ¿La haría ver como el rubio la violaba?
Pero su voz susurrante no traía consigo ninguna promesa de violencia ni degradación. Venía a liberarla.
Por un momento le odió por verla en ese estado, por la compasión que halló en su voz. Pero estaba tan cansada... que ni siquiera podía pensar con claridad. En cuanto se la cargó al hombro ya había vuelto a perder la conciencia. Ni siquiera se había dado cuenta de que la había vestido.

Sintió el frío tacto del mar en la piel que le arrancó un grito ahogado. Una suerte que el capitán le hubiera gastado la voz, pues nadie la oyó salvo el propio Valamar. El frío del agua que amenazaba con matarla, también insensibilizó su dolor.

No sintió nada más hasta que despertó, sobre la arena de una playa bajo una palmera, y ante una figura que no reconoció hasta observar más detenidamente.

- Estas vivo. - Dijo con voz tremola. - Tengo frío.

No dijo nada más. No quería hablar. Estaba rezando por volver a quedarse inconsciente.
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Lun 31 Oct 2016, 12:25 am

Emilio la miraba embelesado y se contenía estoicamente para no tocarla, se regocijaba con sus largas y bien torneadas piernas, con sus redondeadas caderas, el talle esbelto, sus pechos y por fin su bella cara, Su larga melena roja y sus labios carnosos la adornaban con tal belleza que frente a ella palidecían las  mozas de la corte de Marvalar y esos enormes y azules ojos que se abrieron inesperadamente.

El ladrón  interpretó perfectamente la ausencia de brillo de su mirada y si Nemura hubiese estado más consciente se hubiese dado cuenta de  lo que decía la suya. Cualquier mujer habría comprendido que Emilio el ladrón la cuidaría como si fuese un tesoro.

Si lo estoy y tú también. No te preocupes te buscare cobijo, tu descansa.


Cubrió su cuerpo delicadamente con hojarasca y las plegarias de la roja fueron escuchadas por los,- rara vez piadosos- dioses, pues volvió a quedar inconsciente al poco rato.

Valamar no regresaba, así que decidió explorar por el mismo, pero al dar un par de paso Vomito un poco más de agua salada que había tragado y no había alcanzado a expulsar cuando lo rescato Renji.

Después de un buen rato se levantó, las fuerzas habían regresado mesuradamente a su cuerpo.

A medida que la razón se fue imponiendo sobre el abatimiento, se puso a pensar. No sabía aún dónde estaban; ni si era una isla, una ínsula, o solo un pedazo de tierra, si estaba poblada o desierta, ni si había peligro de animales salvajes. Pero comprendió que lo más inteligente que podía hacer era buscarse  un sitio adecuado para instalarse y refugiar a la pelirroja

Una colina se erguía, alta y empinada, a menos de una milla de donde se hallaba, y parecía elevarse por encima de otras colinas, que formaban una cordillera en dirección al norte.

Emilio subió penosamente. Llego con mucho trabajo y dificultad para descubrir su penosa suerte; una isla rodeada por el mar, sin más tierra a la vista que unas rocas que se hallaban a gran distancia y dos islas, aún más pequeñas, que estaban como a dos kilómetros hacia el este.

Comprendió que no estaban en Eadür, no habían seguido la ruta a través de los ríos sino que habían dado un rodeo y habían ido a parar a una isla que no figuraban en ningún mapa  dedujo que pasarían ahí un buen tiempo.

Una vez que ubico un lugar donde refugiar a la pelirroja, se dispuso a trabajar en ello. Coloco un poste sobre la playa y con una incisión de su cuchillo hizo una marca, cada día haría lo mismo y cada siete incisiones hacía una que medía el doble que el resto, ese sería su calendario y marcaría el tiempo que estarían en esa isla.

Bajo a las riveras en busca de agua y subió a los árboles en busca de cocos y de los huevos de las palomas y algunas aves marinas en los nidos, también encontró algunas cañas de azúcar que crecían silvestres e imperfectas a falta de cultivo, sospechaba que esa sería su dieta durante mucho tiempo...

Recogió toda la  madera que pudo, todos los postes o estacas cuyo peso era proporcional a sus fuerzas, con el tiempo y cuando regresara Valamar podrían construir una empalizada y quizás una balsa, usando lianas, solo disponía de su cuchillo, así que tendría que usar su ingenio para hacerse de algunas herramientas.

Dedico varias horas a buscar piedras filosas y varas lo suficientemente flexibles, luego encontró un lugar adecuado bajo una roca y trazo un semicírculo para hacerse de un campamento que decidió fortificar con una pared o muro hecho de estacas atadas con lianas por dentro y con matojos por fuera.

Los palos largos, a modo de travesaños, iban inclinados contra la roca y había colocado piedras en su base para evitar que el viento los moviese. Las hojas grandes de las palmeras recubrían el techo, Solo esperaba que no lloviera

Terminado su tarea. Regreso a la peliroja a la que tomo en brazos y la llevo al improvisado refugio donde la recostó contra un una cama de hojarasca y matojos. Emilio comprendió que había sido un error por parte de Valamar vestirla de nuevo.

Se imaginó la escena; el predecible y pudoroso Renji perdiendo el tiempo procurándole sus ropas en vez de sacarla de ahí, rápidamente. Negó con la cabeza solo de imaginárselo, sin duda un acto muy pio, pero peor que inútil, pues las ropas mojadas con agua de mar, solo harían más que escocerle las heridas, tendría que lavárselas pero con agua dulce.

Se dispuso a desvestirla y regreso a la rivera, donde acarreo agua con las cascaras de los cocos de los que había bebido. Con esta agua lavo las heridas de la pelirroja.

Nemura tenía la piel lisa y sedosa. Con gusto se pasaría toda la vida atendiéndola, cuidándola, recorriendo sus cicatrices con la mano y preguntándose cómo se había hecho cada una de ellas.

Pensó que si los tres se quedaban para siempre en  aquella isla, Valamar jamás dejara de pensar en Kaela, ni en un millón de años, por lo que la pelirroja terminaría con él  pasara, y se contentaba con esa ilusión.... cuando la escucho moverse.

Hola ¿despertaste?
—le preguntó, cual si los abiertos ojazos Azules de Syke no fueran prueba plena de su despertar. — ¿Cómo te sientes?
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Skye Nemura el Lun 31 Oct 2016, 1:06 am

Sumida en un sueño reparador, su mente vagó por algunas escenas de su adolescencia en Lesbia. Estaba en una estancia cálida, con una chimenea de piedra contra una pared, y sillones acolchados de color rojo. Al otro lado de una mesa se encontraba sentada Irina, su benefactora. Intentaba enseñarle los refinados modales de la corte del imperio. Skye aprovechaba cada lección para convertirla en una broma. Si aprendía como debía dirigirse a un barón, lo convertía en el barón Sacapasta, muy preocupado en amasar sus impuestos, y recitaba con pomposidad: “oh, excelencia, como os lo haceis para tener siempre los bolsillos tan abultados”.
Irina siempre la fulminaba con la mirada y le recordaba los peligros de hacer enfadar a un noble.

La calidez del sueño se escapó de entre sus dedos cuando recuperó la conciencia. Había dormido durante horas, aunque eso no sería suficiente para que se sintiera con las fuerzas recuperadas, ya no corría riesgo de volver a perder la conciencia. Miró a su alrededor, al refugio que Emilio había construido, luego se miró a si misma. La había lavado y cuidado, quizás no fuera el estúpido por el que ella lo tomaba.

- Me siento como si acabara de pelear contra una docena de piratas y el premio hubiera sido una violación. - Dijo en tono sarcástico. Había recuperado el humor, aunque no se rió de su propia broma. Miró fijamente a Emilio. - No me tengas compasión, no sirve de nada. No soy ninguna damisela en apuros.

Skye se incorporó, sentándose contra una roca. A pesar del cansancio que debía de soportar y sus heridas, decía mucho de ella que consiguiera moverse sin quejarse. Emilio habría visto sus heridas si como creía la había lavado. Se daba cuenta de como la miraba, como si fuera un tesoro, algo precioso que necesitaba de su protección.

- Necesitamos hacer fuego. - Lo primero era protegerse del frío y de las posibles bestias que habitaran donde fuera que estaban. - He recibido palizas peores que esta, estoy bien. ¿Dónde está Valamar?

Lo buscó con la mirada pero no vio ni rastro del rubio. - Creo que le debo una. Cuéntame que ha pasado.

No podía hacer mucho por ella misma, incluso la idea de levantarse a recoger leña le resultaba dolorosa, necesitaba por lo menos un día más de descanso y algo de alimento, pero sabía que se recuperaría. Y algún día encontraría aquel barco horrendo y le prendería fuego, con su capitán y toda la tripulación dentro. Lo juraba por los dioses.

- ¿Tienes algo que pueda comer?
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Re: Buscando a la cuerva

Mensaje por Renji Valamar el Lun 31 Oct 2016, 3:38 am

Te sientes como lo que paso… Pero ya estas a salvo —dijo con una sonrisa cómplice tocándole la frente, y poniendo la mano contra la suya para comprobar que no tuviese fiebre. Sus ojos negros desprovistos de malicia la miraban fijamente a la cara y no a sus exuberantes senos, sonriéndole lo más sinceramente que podía para disimular el hecho de que Valamar ya se había tardado y estaba preocupándose. No quería inquietarla, deseaba que se repusiera… lo más pronto posible.

Sé que no lo eres. Valamar me contó como te cargaste a varios piratas, el estúpido aqui fui yo que me deje atrapar.
— En realidad sentía que Nemura estaba mejor de lo que aparentaba y eso lo tranquilizaba

Valamar, No debe tardar fue a explorar el perímetro. Cuando caí al mar quede inconsciente una corriente me arrastro y Renji tuvo que nadar en mi busca, me trajo a esta isla y luego regreso en Busca tuya…

Y aquí estamos los tres, en una especie de isla que no logro identificar, con un poco de trabajo en equipo sobreviviremos hasta que averigüemos como salir de aquí. La Verdad es que yo no se como prender una hoguera si yesca. Lo he intentado con las piedras pero nunca me ha salido, pero si tú puedes hacerlo detrás de ti hay unos maderos, en lo que te busco algo de comer. No tardare…


Salió del refugio en dirección hacia donde estaban las cañas y los cocos pero al regresar decidió tomar un rodeo por curiosidad y diose cuenta de que del otro lado de la colina, se encontraban los restos de un barco desfondado que tenía mucha agua en la bodega, pero estaba tan encallado en el banco de arena dura, la popa se alzaba por encima del banco y la proa bajaba casi hasta el agua. De ese modo, toda la parte posterior estaba en buen estado y lo ende lo que había allí estaba seco

Decidió ir hacia este, y lo primero que hizo fue inspeccionar qué se había estropeado y qué permanecía en buen estado. Lo primero que vio fue que todas las provisiones del barco estaban secas e intactas, aunque algunas ya un poco rancias Entró en el depósito de pan y se llenó los bolsillos de galletas. También encontró un poco de ron en el camarote principal, del que bebió un buen trago, pues, ciertamente le hacía falta, si es que acaso Valamar no volvía.

Por mayor fortuna entre los papiros y cartas de navegación encontró un cofrecito con agujas, alfileres, hilo y vendas y un carrete de pesca, algo muy conveniente  en caso de que las heridas de la pelirroja empeoraran o que las necesitaran para más adelante.

Vacío un arcón de marinero con algunas bitácoras y lo lleno con todo lo que se había encontrado, así como las cañas y los cocos y regreso hasta donde estaba Skye, muy contento, pensando que con aquello la impresionaría.

Entro sonriente al refugio con el arcón en brazos, ensayando su más triunfadora mirada.
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Re: Buscando a la cuerva

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