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Reinhard Wagner - I barely see your weapon move, Elf.

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Reinhard Wagner - I barely see your weapon move, Elf.

Mensaje por Reinhard Wagner el Dom 18 Dic 2016, 12:12 am

Nombre de Personaje: Reinhard Wagner

Nombre del PB: Victor Saltzpyre – Warhammer: The End Times - Vermintide

Apodo (opcional):

Edad: 47

Edad aparente: Alrededor de cinco o diez años más, según el día y lo desmejorado que esté.

Género: Varón

Orientación sexual: Asexual – Bajo o nulo interés en la actividad sexual. Considera la “tentación de la carne” como una total y absoluta muestra de la decadencia en el género humano.

Lugar de nacimiento: Marvalar – Thidin – Zariel – Barrios Bajos

Raza: Humano

Conocimientos mínimos:
- Leer
- Escribir
- Nadar
- Equitación
- Combate cuerpo a cuerpo


Descripción física:

  • Cabello: Negro con betas canosas hacia mitad de la cabeza. Corto.

  • Ojos: Claro, casi gris, su único ojo sano presenta, casi siempre, una mirada de tedio y hastío, con claros tintes de desprecio hacia prácticamente todo. El izquierdo presenta un tono blanco, signo inconfundible de ceguera.

  • Contextura: Normal. De habitual rigidez en la postura, como todo buen militar.

  • Altura: 1,77m

  • Ropa: Sombrero de ala ancha y copa alta, en el que lleva una cruz de hierro y su pipa para fumar tabaco; gabardina de cuero marrón oscuro, bastante desmejorada, con diferentes símbolos de su religión y culto, así como de su orden; guantes, también de cuero y con protección metálica en el reverso de la mano; pantalones negros ceñidos para no embarazar el movimiento; Botas militares de altura considerable, hasta las rodillas, y suela gruesa.

  • Otros: Arrugas y pliegues en la piel propios de la edad; cicatrices, tanto en la cara como repartidas a lo largo del cuerpo. Destaca sobre todo su ojo izquierdo, lechoso y con la pupila aparentemente nublada. Labios gruesos, casi siempre agrietados.

  • Imagen:
    Imágenes:
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Descripción Psicológica: Cabrón sin escrúpulos, torturador desalmado, tuerto hijo la grandísima puta... son sólo algunos de los términos que han usado para referirse a Reinhard; todos se han terminado quedando cortos.

Para empezar a comprender un poco a Reinhard, hay que partir de una base muy sencilla: Tiene muy poca paciencia y demasiada mala leche. Extremista, empecinado en la purga de las otras razas y religiones, como pocos, el cazador de brujas no duda a la hora de torturar o matar, considerándose a sí mismo juez, jurado y verdugo, todo al mismo tiempo. Las vidas de otros parecen carecer de importancia ante su mirada disciplinada; todo, claro, sin perder las buenas formas.
Como persona bien educada que es, Wagner siempre preguntará primero por las buenas, pero sólo una vez antes de disparar. Su educación militar lo convierte en una persona disciplinada, pero también juiciosa y con predisposición a la rigidez de ideas. Como ya debe uno imaginarse, no es buena idea intentar entablar conversaciones de índole religiosa con semejante persona, pues su intolerancia lo hace especialmente peligroso.

Siente odio hacia todas las razas no-humanas, algo que no oculta por más peliaguda que sea la situación, sin importar los riesgos.

Es una persona taciturna, de lengua afilada y mordaz, cuyas respuestas a las preguntas, y en especial a las que se refieren a su pasado, suelen resumirse en una sola frase: “Así lo ha querido Él.”




Miedo(s):
- No ser digno del favor de su dios.
- Todo lo que sea novedoso o implique un cambio a gran escala. Reacciona de forma violenta frente al progreso.
Pasado:
Nacido y criado, durante los primeros años, en los barrios bajos de Zariel, la vida de Reinhard no tardó en verse tocada por el motivo el cual lo ha mantenido con vida, incluso hasta día de hoy: la religión.

Como cualquier otro desgraciado con la mala suerte de nacer en la inmundicia de los suburbios, el, a día de hoy, cazador de brujas no gozó ni siquiera de las cosas más básicas, y se crio como uno más de los pícaros de la calle, siendo, durante su más tierna infancia, mitad mendigo y mitad pillo.
No fue sino un acto de pillería, un robo como tantos otros que había cometido ya, a la edad de siete años, lo que propició su cruce con la disciplina inclemente de los Templarios de la Orden del Martillo de Plata.

Pequeña, casi desconocida y al borde de la extinción, la Orden del Martillo de Plata, o simplemente los cazadores de bruja, fueron, en algún momento de la historia más remota, una gloriosa organización cuyo nombre inspiraba tanto respeto como temor. Pero algo los llevó a desaparecer casi de la noche a la mañana, y de ellos apenas quedaron unas cuantas líneas en libros de historia prohibidos o desclasificados por los archivistas oficiales. Para Reinhard Wagner, sin embargo, se convirtieron en su nueva familia tras intentar arrebatarle la daga a uno de sus capitanes.

Un castigo ejemplar, seguido de una charla que, por algún motivo, terminó con sus padres aceptando la inclusión del pequeño en las filas de los fanáticos religiosos, puso punto y final a la vida de picardías y actos fuera de la ley de nuestro protagonista.

Educado en el último resquicio de gloria de la orden, un templo medio en ruinas en algún lugar de los páramos deshabitados de Marvalar, recibió no pocos azotes, latigazos y golpes en general, suficientes, al menos, para templar su carácter a lo largo de los años.
Con ellos aprendió los valores de la fe, sin embargo, donde más hincapié se hizo, y como no cabía esperar de otra forma, fue en las consecuencias de no aceptar al Único y Verdadero: la ejecución y la tortura, el odio y el desprecio, la impavidez ante la muerte misma de sus compañeros al zozobrar sus creencias, convirtieron a un niño de la calle en un hombre digno de evitar por cualquiera. Por el camino, además de ganar innumerables cicatrices, perdió el ojo izquierdo en una de sus primeras cacerías.

El cambio más drástico en su vida no llegaría, pero, hasta los cuarenta y cinco años.

Prometía ser un trabajo de “limpieza” algo distinto desde el principio, cuando fue mencionada la imperiosa necesidad de colaborar con los sucios elfos del bosque en las tierras altas del norte. El encargo no venía previsto de un remitente, como era lo habitual, y era demasiado específico en muchas de sus partes. Reinhard, pero, no tuvo en cuenta las numerosas señales que auguraban el peor de los destinos posibles para un hombre de su talla. No lo hizo no por falta de entendimiento o capacidad de juicio, sino por el creciente deseo de ascender, de no quedarse estancado como un simple sargento de los cazadores de brujas.

Días de largo camino y penurias culminaron con la llegada a Syrion. Y vaya que si él hubiese preferido, por mucho además, continuar varios meses en ese plan de alimentarse de alimañas, dormir sobre lechos de rocas y asearse en ríos de mierda; hubiese sido mejor, no le cabía duda alguna, que tener que dedicarle palabras de agradecimiento a uno solo de los mugrientos elfos de la tribu con la que debían entablar una relación profesional para cumplir su encargo.
La necesidad, pero, apretaba más que cualquier otra cosa. En el territorio de los elfos de los bosques, donde las lluvias de flechas eran más comunes que las de agua y las trampas existían por doquier en cada centímetro cuadrado del bosque, resultaba imposible internarse sin la ayuda de un guía apropiado.

Cuando Reinhard Wagner, un hombre de firmes principios racistas, conoció a Illyasvael, su reacción no se hizo de esperar. Por más que la necesidad apretase, o que el deber llamase a la puerta, el yugo de sus ideales pesaba más sobre él que cualquier otra cosa sobre la tierra. Una mirada de desprecio, seguido de unas cuantas palabras cargadas de hostilidad, fue todo lo que intercambió en un principio con ella.

Al cabo de unos días recibió, por fin, la noticia de que podían avanzar hacia la madriguera de la bruja a la que debían cazar. Un alivio que no duraría demasiado y marcaría el punto de no retorno en la vida de Reinhard Wagner.

Durante la cacería, que terminó alargándose dos días, la espada y el hacha del cazador de brujas se tiñeron de sangre hasta dejar atrás la plata y adoptar el rojo como nuevo tono; el carcaj de la ballesta se vació varias veces disparando contra las alimañas del caos conjuradas por la infame bruja, pero, finalmente, el acero bebió del hierro de su sangre maldita. Un momento que debería haber sido el final, pero terminó convirtiéndose en el principio.

Heimmrich mostraba síntomas de corrupción propios del contacto con la magia oscura, por lo que Reinhard no dudó en aplicarle la única sentencia posible para esos casos: La muerte. Sin embargo Skorzeny, más joven y mucho más ágil que el cuarentón con sombrero de copa, y que también había sido tocado por los vientos del caos, logró evitar la muerte el tiempo suficiente para maldecir a su superior y marchar al otro mundo con una sonrisa en la cara, dejando, a modo de legado, unas últimas palabras que resonaran para siempre en la mente del veterano cazador de brujas:

“Mi muerte no te servirá de nada, Wagner. Tus días están contados y tus ideales serán enterrados contigo. Perteneces al pasado, y en él te quedarás cuando Ellos reclamen como suyo aquello que les pertenece.”

Tras eso Reinhard rebuscó en las pertenencias de los dos traidores hasta, finalmente, dar con una nota que confirmaba sus peores temores. Los más altos cargos de la organización estaban corruptos hasta los huesos; convertidos en marionetas del caos, en Huecos sin alma y con la mente nublada por las promesas vacías del mal, Reinhard Wagner era el único que podía devolver al Camino a los Templarios de la Orden de Plata. Pero, primero, tendría que librarse de Illyasvael, a quien, para su desgracia, había quedado atado por la maldición lanzada por el otrora camarada en los campos de batalla.

Y desde entonces han pasado dos años. Dos largos, tortuosos e insufribles años en los que ha viajado junto a la de orejas puntiagudas, mascando un odio cada día más intenso y revolviéndose por dentro en cada mirada que le ha dedicado desde entonces.

El día que se libre de la maldición...


Última edición por Reinhard Wagner el Dom 18 Dic 2016, 1:16 am, editado 1 vez
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Reinhard Wagner

Mensajes : 4
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Re: Reinhard Wagner - I barely see your weapon move, Elf.

Mensaje por Ithildin el Dom 18 Dic 2016, 1:07 am

Bienvenido a Anzus. Que Dèoir acompañe tus pasos en esta aventura.

Mientras te dan color, puedes pasar a hacer tu ficha de combate. Suerte.
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Ithildin

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