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El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

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El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Guillaune el Mar 15 Nov 2016, 5:54 am

Durante cuatro días y cinco noches, la terrible tempestad había esculpido la mar, dándole la forma de una confrontada hueste de cordilleras en movimiento, que luchaban unas con otras como los gigantes. Por algo a aquel mar se le llamaba el Mar de las tormentas, la Madre de todas las tempestades,  la Tumba de los marineros.

Guillaune era zarandeado por las olas, atado al tocón de un mástil y un trozo de cubierta. Llevaba flotando así desde la cuarta noche de la borrasca, La nave donde viajaba  había sido partida a la mitad por el castigo sin pausa de la mar.

Para aquel entonces, ya casi estaba sin sentido por el golpeteo de las olas y el rigor entumecido de las aguas. Sólo podía mantener un único pensamiento en su mente: la tormenta lo había arrastrado hacia el sur y, hacia el sur estaban las islas rocosas y montañosas donde los exiliados encontraban refugio. Exiliados como él.


Pronto sería arrojado contra la tierra, y entonces tendría la única posibilidad de escapar con vida. Pero, cuando se acercase a tierra, debía de cortar las ataduras que lo retenían al mástil, o correr el riesgo de ser aplastado cuando el pesado madero fuera a chocar contra arena o rocas. En la funda oculta en su cinto seguía teniendo la larga y curvada daga y, frecuentemente, flexionaba los dedos para ser capaz de aferrar su pomo, cuando llegase el momento.

Esto, y ninguna otra cosa más, era lo que llenaba su mente mientras el viento aullaba como una legión de demonios en agonía, y la mar se estremecía bajo el azote del viento.


• • • • •

Tras la tormenta, se alzó la mañana muy temprano,  el agua estaba calmada y los restos de la tormenta se hallaban en la costa. Habían peces muertos y algún que otro mamífero marino.

Entre esos cadáveres estaba Guillaune que aún estaba vivo pero inconsciente.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Kynigos el Mar 15 Nov 2016, 6:45 am

––––(Narra Hircine)––––

Fueron noches difíciles en la condenada Isla, donde la tormenta había azotado violentamente una y otra vez, dejando incluso a los lugareños asustados. Maldije en voz alta varias veces, culpé a mi contraparte otras más por haberme llevado a la Isla, y me culpé a mí mismo por no haberlo amordazado. Luego de lo que pareció una infernal eternidad, la mañana trajo consigo la paz. Por fin podía salir de la pútrida cueva que había conseguido para protegerme, ya que los nativos no eran precisamente amables con un lobo que podía arrancarles la vida en un mordisco. Claro, que con Kynigos en el fondo de mi subconsciente, allí donde pertenecía, tampoco es que me fuera a acercar voluntariamente con los apestosos humanos. Aunque la tierra en esta zona era bastante infértil y era poco común ver presas, siempre se podía conseguir alguna caza cerca del mar; algún ganado que se habría escapado, serpientes, conejos o algo de pescado que traería la noche anterior. Con la tranquilidad de la madrugada, también había comenzado a aparecer la voz apacible de Kynigos zarandeando en mi mente, cosa que no era particularmente agradable.

- ¿Por qué demonios decidiste aparecer ahora? -Gruñí, mostrando los colmillos como si alguien pudiera verlos.-

- Vamos, Hircine, es un amanecer hermoso. Caza algo para el desayuno.

No iba a admitir frente a él que tenía razón, pero la tenía. Había bruma en el horizonte y olía a tierra fresca. También tenía razón en su orden; ya hacía bastante hambre y necesitaría de un par de kilos de comida para saciar la forma lupina. Haciendo caso, me dirigí a la costa, donde conseguiría comida segura.

Ahí estaba, recién servido como un regalo del mar; toneladas de pescado para elegir y disfrutar. No le di demasiada importancia al tipo mientras no fuera venenoso, así que fui tragando sin masticar cada buen ejemplar que se atravesaba en mi camino. Uno, dos, tres, ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba cuando el panorama dejaron de ser pescados y mamíferos acuáticos para convertirse en trozos de embarcación y cadáveres de humanos. No me hacía demasiada ilusión comer humano; la carne era demasiado dulce y la sangre era bastante desagradable, dadas sus bajas condiciones de salud. Ignoré los cadáveres mientras seguía alimentándome, pero Kynigos parecía estar haciendo presión contra mí para que alzara el hocico de la arena; al hacerlo, avisté un hombre a lo lejos que a penas respiraba. ¿Qué más da? Estaba casi muerto, y, ¿Qué era un humano menos para la sociedad?

Pero mi contraparte abnegada y pacífica no pensaba lo mismo, así que me sobrevino y mandó a mi rincón en la mente, tomando control de mi cuerpo, el cual se tambaleó un poco debido a la brusquedad de sus acciones.

––––(Narra Kynigos)––––
- Hircine, por el amor a todo lo bueno, ¿Por qué ibas a dejar al hombre morir ahí?

- Bestia, ¡devuélveme mi cuerpo!

- Calla, perro.

Ignoré su voz refunfuñante mientras trotaba a cuatro patas hacia el humano que aún respiraba, leve, pero lo hacía. No era particularmente buena idea transformarme en ese momento; no estaría bien visto un humano desnudo cargando a otro a sus espaldas. Decidí hacer uso de mi hocico y patas delanteras para excavar la arena debajo de él hasta tener espacio para montármelo en el lomo, donde lo llevaría al menos a un lugar seco en el que el oleaje no se lo llevara de nuevo. Tan pronto como estuvimos en las rocas, lo bajé suavemente y posé mis patas delanteras sobre su pecho, haciendo presión repetidas veces para normalizar su pulso e intentar sacar el agua de los pulmones, si es que tenía. No faltaron, por supuesto, un par de ladridos de preocupación de por medio, que de seguro ayudarían a despertarlo.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Frëya Rav'helen el Miér 16 Nov 2016, 12:35 am

LEER!:
¡Hola! Me cuelo por aquí sino os importa <3

El propio mar parecía haber caído bajo las garras de Malkôra, bravo y denso, el gran azul no quiso dar tregua a una despiadada tormenta que azotaba con fuerza los acantilados y playas de las islas Drozhna. Durante aquellos cuatro días los habitantes de la isla apenas salieron de sus hogares, cualquier signo de violencia, por natural que fuera, acechaba y atemorizaba los corazones de los exiliados, volviéndolos extremadamente precavidos y cuidadosos en todos sus movimientos.

Frëya no fue la excepción, los continuos sermones de su madre acerca de lo peligroso que era salir fuera en aquellas circunstancias la retuvieron durante toda la tempestad, la joven tuvo que lidiar con el gran espíritu protector de su madre, evitándole a toda costa que pusiera un pie fuera de casa. Y es que si hubiera sido por ella misma, la rubia ya se encontraría en las playas de la isla, intentando buscar alguna persona herida… ¿y si algún barco con exiliados se encontraba en plena tormenta?, ¿y si alguien necesita ayuda inmediatamente? Frëya pasó aquellos cuatro interminables días postrada delante de su ventana, observando el violento mar y pidiendo a Arliltar, dios del mar, que acogiera en su gracia a todas aquellas pobres personas que iban a perecer en aquella gran tormenta.

La última noche pasó y a la mañana siguiente, como si nada de aquello había acontecido, el mar se mostraba sereno y tranquilo y la vida en Drozhna volvió a resurgir. Muchos de los exiliados no tardaron en unirse y reparar todos los destrozos que el mar había causado en el puerto. Era temprano, pero muchos de los isleños ya habían salido a la calle, con necesidad de buscar el sol y el aire limpio.

- ❧ -

¡Frëya!, ¡la tempestad amainó! ─ su madre golpeó la puerta de su habitación, pero no hubo respuesta ─ ¡Por todos los dioses!, ¡¡Frëya!! ─ un nuevo golpeo más fuerte se escuchó y de nuevo más silencio ─ Voy a abrir… ¿me oyes? ─ su bella madre, con una cierta mezcla de desesperación y enfado abrió la puerta con clara intención de reproche… pero se encontró una habitación totalmente vacía ─ Jamás cambiarás, ¿eh? ─ preguntó a la nada con una suave sonrisa, mientras volvía a cerrar la puerta y se alejaba tranquilamente.

Para aquellos momentos, Frëya se encontraba pisando la mojada arena de la costa. Nada más salir el sol, se vistió con su indumentaria habitual y puso rumbo a la costa de la isla más cercana al puerto. No pensaba quedarse de brazos cruzados sabiendo que miles de personas podían necesitar su ayuda, y la de todos los isleños. Sin embargo, la esperanza de encontrar gente con vida fue desapareciendo a medida que se acercaba a la línea de costa.

Entre la arena y los restos de embarcaciones se dibujaba una terrible masacre, cuerpos sin vida, ensangrentados y con los ropajes totalmente desgarrados se cernían sobre la arena. Destruyendo la belleza de aquel lugar y convirtiéndolo en un escenario macabro. La joven se adentró entre los cadáveres, intentando no pisar ninguno, buscando un solo indicio de vida, más en aquel lugar el único latir que escuchaba era el de su propio corazón.

Con la mirada totalmente entristecida y un gran sentimiento de culpa e impotencia se dispuso a volver a la aldea, pero fue entonces cuando presintió algo de movimiento en la lejanía. Se quedó parada y entrecerró sus orbes para poder distinguir como un gran animal, una especie de lobo o similar, de color tan blanco como la nieve llevaba montado en su lomo lo que aparentemente era un cadáver.

Tras unos segundos en los que su mente se quedó en blanco, Frëya, en un rápido movimiento se dirigió a la zona más rocosa de la costa, dónde aparentemente parecía dirigirse aquel animal. Movida por la curiosidad y por la esperanza de que la persona que estaba siendo transportada estuviera con vida, decidió seguirlos cautelosamente. Se escondió tras las rocas, totalmente agachada y observo aquella curiosa escena.

El lobo, si bien aparentemente no tenía intenciones de usarlo como comida, estaba intentando reanimarlo. Frëya ladeó el rostro y observó el cuerpo que yacía sobre la arena. Era un hombre, de mediana edad a su parecer, observó su pecho y vio como este se movía en lenta respiración. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de la joven. Seguramente era uno de los tanto náufragos de la tempestad, pero el más afortunado sin duda, pues estaba con vida.

Con clara intención de salir de su escondite y ayudar a aquel hombre, Frëya se levantó y apareció lentamente de entre las rocas, hasta llegar a donde se encontraba el animal y el humano.

Tranquilo… puedo ayudarte… ─ Frëya entrecerró los ojos, ¿estaba hablando con un lobo? ─ puedo ayudaros… ─ dijo desplazándose lentamente hacia el hombre mientras no despegaba la mirada del lobo. Era aún más grande de lo que había imaginado. Solo esperaba que no se abalanzara sobre ella y la matara de un zarpazo.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Guillaune el Miér 16 Nov 2016, 2:58 am

Cuando el lobo comenzó a  poner sus patas delanteras sobre Guillaune, este  empezó a vomitar una increíble cantidad de agua de mar, aun semi consciente, esa había sido toda su reacción.

Mientras, algunos se dedicaban a reparar los muelles, algunos más como Frëya, se dedicaban a buscar heridos y otros como  Malcom, que desde temprano se levantaban, para ver qué había dejado la mar.

Malcom:


En tales ocasiones, las aguas depositaban en tierra muchas cosas interesantes, y a veces eran cosas a las que se les podía sacar un provecho. Y el provecho era algo que nunca podía dejar de tenerse en cuenta. Así que se embozó cálidamente en mantos de lana de manufactura local, y salió de su enclave comercial, el establecimiento más norteño de los muchos establecidos en aquella isla perteneciente a Drozhna

Malcom halló muchos restos de la tormenta bajo la forma de troncos de árbol, algas y otra vegetación arrancada, mucha de la cual había llegado arrastrada desde el sur.


Habían peces muertos y algún que otro mamífero marino, pero no vio ámbar, que era uno de los mejores regalos del mar.

Lo mejor de todo, claro, hubiera sido algún naufragado, con una carga que pudiera salvarse. Malcom decidió mandar a sus sirvientes hacia el norte y el sur, a lo largo de la costa, en busca de tal posibilidad.

Naturalmente, era algo que debía de ser hecho con discreción, pues desde que Kaela Shyrena se había embarcado en aquella empresa llevándose a sus principales generales, algunos exiliados forajidos Como Delsaran, se habían autoproclamado Comodoros de aquellas tierras y reclamaban tales hallazgos como de su propiedad personal. Algunos plumas negras como la teniente Musalynn se les oponían pero era una lucha que parecía no tener final.

Ya estaba por volver a su establecimiento para el desayuno, cuando vio a una bella muchacha hablando con lo que supuso sería su mascota, no era raro que la gente tuviera mascotas de todo tipo, dados los tiempos que corrían, un lobo blanco era solo una de tantas rarezas.

Estaban de pie junto a lo que parecía un cadáver. Los cadáveres eran una de las cosas que más acostumbraba a arrojar a tierra el mar, y no tenían el menor valor: los marineros pocas veces llevaban más joyas que un pendiente, y estaba claro que aquella figura, no había sido un rico pasajero.

Eso sí, había sido un hombretón, y Malcom precisaría de ayuda de para volver a empujar el cuerpo hasta las aguas… no quería que el espíritu de aquel tipo merodease por los alrededores de su establecimiento. En justicia, los fantasmas de los hombres ahogados se quedarían en  el mar, que era su elemento.

Buenos días jovencita, mi nombre es Malcom soy comerciante ¿Muerde tu mascota?
- dijo mientras se acercaba cautelosamente. Pese a su oficio era un hombre de semblante amable y una apostura educada.

Es muy bonito me encantaría poder acariciarlo si se dejara…


Contempló fascinado el pelaje níveo de del lobo y luego aquel cuerpo humano que estaba magullado, maltratado por los elementos, y amoratado por el frío, y sin embargo respiraba…

Si me lo consientes, y con tu permiso quizás pudieras ayudarme a llevar a este hombre a mi establecimiento, tengo una chimenea y mantas y podría mandar a mi esposa o buscar algún curandero que lo atienda como es debido… como recompensa puedo compartir un poco de pan y vino para vos y un hueso de ternera para tu "perrito".


El establecimiento de Malcom era  un edificio bajo, con forma de caja, y de paredes hechas con piedras planas, apiladas sin mortero y con los intersticios rellenos con musgo; la mitad superior de una de las largas paredes era una especie de batiente de madera, sostenida por unas bisagras y diseñada para poder ser abierta, cuando hacía buen tiempo, de modo que el edificio entero se convirtiese en una especie de tienda abierta al público.

La mayor parte del edificio estaba repleto de cajas y paquetes, barricas y balas, montones de artículos de comercio, en la planta baja ardía un fuego de maderos traídos por el mar, por lo que la sal que había en la madera lanzaba sonoros chisporroteos multicolores
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Kynigos el Miér 16 Nov 2016, 5:36 am

¡Qué valiente esta chica! O demasiado ingenua, los dioses juzgarán. Acercarse a un lobo de mi magnitud con tanta frivolidad era una acción poco inteligente para la mayoría, o quizá ella ya había visto mi naturaleza. Como fuere, a las pocos intentos de reanimación, el casi-cadáver había expulsado una cantidad anormal de agua, aunque hasta ahí se había quedado; no dio más señales de vida fuera de una respiración lenta y tortuosa. Se apartó para que su pecho tuviera libertad de expandirse tanto como necesita, e ignorando las palabras de la chica, utilizó su garra para rasgar la camisa del marinero y así brindarle más espacio. Era bien sabido que los ahogados muchas veces morían por la asfixia que les causaban sus propias indumentarias. Se apartó un par de pasos y agachó la cabeza en un gesto de paz, para permitir a la chica ayudar, si eso era lo que quería. A varios metros podía oler a otro humano impetuoso que se acercaba, y que pronto estaba allí con aires de buen samaritano para ayu... ¿Mascota? ¿Ha osado a llamarme mascota? El hueso de ternera no vendría mal en lo absoluto, que el mastodonte semi-muerto me había distraído de mi desayuno, pero, ¿Mascota? En un acto inconsciente, pelé los colmillos hacia el hombre que ya alcanzaba la mediana edad y le vi con reproche. Claro, si es que era capaz de interpretar la mirada de un perro. La risa de Hircine se burlaba de mí en mi mente, consciente de que no era común que le mostrara los colmillos a alguien que viniera de buenas.

Tampoco tenía demasiado problema con que me acariciara. Digo, ¿A qué perro no le encanta que le rasquen las orejas o la panza? Aunque me negaba rotundamente al nombre de "mascota". No tenía intención de seguir cargando al hombre bajo esta piel peluda, pues era bastante incómodo y dudaba severamente que el anciano o la chica pudieran con el peso. Haciendo caso omiso a mi desnudez, mi cuerpo se retorció y el pelaje desapareció para abrir paso a una resumida larga cabellera del mismo tono blanco. Pronto el lobo había dejado en su lugar a un humano considerablemente alto y con facciones bastante finas que delataban que no era de la zona.

- No soy una mascota. -Fue lo primero que dije tan pronto como mis cuerdas vocales se habían acomodado.- Y no, no muerdo.Aún», se burló Hircine sin hacerse oír.-

Cualquier persona pensaría que era un sinvergüenza por mostrarme por allí, de fresco, sin nada de ropa y con cierta altanería, pero la verdad era que mi más pura intención era ayudar al moribundo que aún yacía en el suelo, por que ignorando un poco la reacción de mis dos compañeros, lo alcé de la roca y lo tendí en mi hombro sin demasiado esfuerzo, dejándolo boca abajo sin pensar en la reacción que podría tener al despertar y encontrarse con una espalda descubierta y lo que eso conllevaba.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Frëya Rav'helen el Jue 17 Nov 2016, 1:56 am

Tras pocos segundos después de que el lobo posara sus patas sobre el pecho del moribundo náufrago, este comenzó a expulsar una gran cantidad de agua, probablemente toda la tragada durante su odisea en la tormenta. Frëya miró con curiosidad al lobo, estaba claro que sabía lo que estaba haciendo, aún más cuando rasgó la camisa del náufrago, sabiendo claramente cuál era la intención. Demasiado inteligente para ser un solitario lobo, mas pacífico a su vez… aquel amago de cabeza en son de paz… la inquieta cabeza de la rubia ya estaba intentando encontrar una explicación al extraño comportamiento del lobo.

Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar y mucho menos pensar algo nuevo que decir, una nueva presencia apareció en el lugar. Un hombre de mediana edad, barba poblada y expresión ciertamente seria se dirigió a ella.

La joven enarcó una de sus cejas con cierta ironía, ¿su mascota? Las claras intenciones de aquel hombre por acariciar al lobo se vieron truncadas por la propia expresión del lupino en cuestión. Frëya desvió la mirada intentando mostrar que no tenía nada que ver con aquel animal. Aunque ciertamente Malcom no estaba exento de razón, era un animal realmente hermoso tanto su imponente porte como aquel bello y blanco pelaje que nada más con verlo se podía sentir su suavidad.

Mientras escuchaba al nuevo integrante, la joven posó su mirada sobre el cuerpo que yacía delante de ellos, magullado, herido y seguramente con demasiado frío como para poder moverse. No podía ver con claridad el rostro del hombre, pero a juzgar por su cuerpo parecía ser un hombre fuerte y seguramente esa fortaleza le había llevado a sobrevivir. Su preocupación se acentuó al ver la entrecortada respiración del mismo.

Su ofrecimiento no podría ser más generoso pero déjeme decirle que… ─ Freÿa no pudo terminar la oración, no ante lo que acontecía delante de ella. Aquel lobo comenzó a retorcerse, y todo aquel bello pelaje se transformó en una cabellera de la misma belleza, que dio paso a un rostro, a unos hombros, a un… ¿un humano?, un momento… La joven parpadeó varias veces perpleja, ¿estaba desnudo? Apartó la mirada con rapidez girando su rostro. Aquella situación estaba escapando de su alcance.

¡Por todos los dioses¡ ¿q-que se supone…?, ¡por favor! ─ sin saber muy bien que decir o hacer ante aquel cuerpo desnudo Frëya bufó frustrada sin dejar de desviar su mirada, mientras escuchaba al humano que acaba de aparecer en aquellas condiciones. Obviamente no era una mascota y sintió alivió al decir que no tenía ninguna malintencionada intención, aunque ya no sabía muy bien que pensar del albino. Observó con ligeras ojeadas como este echaba a su hombro el cuerpo de aquel pobre marinero, con clara intención de llevarlo a otro lugar.

Fue ahora cuando Frëya dirigió su verde mirada a Malcom.

Está bien, soy curandera señor. Mi intención también era ayudar a este pobre hombre y ahora mismo es lo primordial. De verdad le estaría muy agradecida si me ofreciera su establecimiento para poder tratarle, el frio es un gran enemigo y al lado del reconfortante calor de una chimenea seguro que recobra el aliento... y yo podré trabajar mucho mejor. Así que si así lo desea podemos encaminarnos hacia allí, y cuanto antes mejor. ─dijo mirando con preocupación náufrago que colgaba de la espalda del albino.

Y si no le es mucha molestia… ─ señaló con la mirada al lobo convertido en hombre─ … sería mejor para todos que le diera algo de ropa. Le estaría muy agradecida, créame.
Frëya no era una chica tímida, pero aquella situación sobrepasaba los límites de su razón. Conocía la existencia de licántropos, pero nunca había estado en presencia de ninguno, y menos en aquellas condiciones…

Una ligero soplo de brisa marina, frío y húmedo rodeo a los allí presentes. Frëya entrelazó sus brazos sobre su pecho, intentando mantenerse con algo de calor mientras volvió a mirar con preocupación al náufrago. Debía ayudarlo antes de que empeorara.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Guillaune el Jue 17 Nov 2016, 5:06 am

Curiosa la sucesión de eventos para el buen Malcom, en su vasta experiencia había visto todo tipo de cosas, más en aquellas islas que albergaban a todo tipo de refugiados incluidos los Tifflins  pero ver un lycan revelando su naturaleza con inusitada normalidad, no era algo que se viera todos los días.

Menos importante, aunque igualmente extraño era que anduviera desnudo sin ningún pudor delante de una señorita en un momento tan inapropiado. Malcom no supo bien cómo reaccionar de momento, si bien el joven no parecía malintencionado como tal, evidentemente no estaba habituado a las costumbres civilizadas.

La joven por su parte sobrellevo la situación bastante bien y para beneplácito del mercader, resulto que la joven era curandera

Bienvenida sea la gracia de los dioses que los ha enviado en este momento tan oportuno —el comerciante colocó las yemas de sus dedos sobre su pecho y se inclinó ligeramente. Una vez que el albino levanto en volandas a Guillaune Finalizo: ─  Me encargare de que mi señora y mis sirvientes les procuren todo lo que sea necesario. Síganme por favor

Ya en la posada, unos criados ayudaron a Kynigos a recostar al naufrago sobre una colchoneta de pieles, y sobre él tenía rasposas mantas de lana, mientras que la esposa de Malcom se puso a las órdenes de la joven de ojos verdes para asistirle de tratar al naufrago en todo lo que fuese posible, echando viajes a la cocina y a las bodegas conforme ella lo dispusiera.

Malcom por su parte, miro con detenimiento al albino, era bastante alto, y ninguna de las ropas de los criados le quedaría bien. Sin embargo en su almacén conservaba una túnica y unos pantalones que pertenecieron a un hombre que medía un poco más de él.

Con un poco de ayuda de una de las criadas podrían ajustárselos  a su tamaño más pequeño. Tambien conservaba un calientapiernas de piel de oveja, así como  burdas botas con el reborde de la capa de piel de bisonte. El clima, relativamente hostil en aquellos lugares, hacía que aquellas ropas resultasen adecuadas para el lycan….

Más tarde eso mismo día, llegada la hora de la merienda, Malcom los invito a los dos a su mesa hizo una seña a un sirviente. Este, trajo unas copas de madera tallada, con humeante vino con especias y  un bol de oloroso con cocido y una bandeja con rebanadas de pan, duro y correoso.

Loados sean los dioses, por aceptar compartir nuestros alimentos con ustedes
—Soltó Malcom. Se llenó una copa para sí, y les sirvió más vino a sus huéspedes.

Corren tiempos difíciles, debido a la gran cantidad de exiliados que llegan a estas islas, algunos son refugiados de Eädur pero muchos otros son prófugos de otras partes de Anzus y con no muy buenas intenciones, se aproxima un invierno duro, y tendremos mucha suerte si logramos pasarlo con nuestras vidas y nuestros bienes intactos, pero si gustan lo pueden pasar aquí. Disfruto siempre de la compañía de los extranjeros que han viajado a lugares muy lejanos, y me gustaría oír más cosas sobre los lugares donde han estado. Tenemos muchas provisiones para el invierno, y los pescadores y cazadores locales vienen aquí a hacer sus trueques. No pasaremos hambre y estoy seguro que ambos tienen muchas historias que contar…


Poco después les sirvieron el postre, tarta de manzana y unas confituras de almendras y avellanas maceradas en miel,  cuando uno de los sirvientes de Malcom le llamó:

¡Amo! ¡Llegan hombres a caballo!
—Malcom miró por la ventana, en dirección a la costa: un pequeño grupo de hombres era apenas visible.

Son cuatro hombres a caballo
—le informó otro sirviente de agudos ojos— Todos van armados. ¿Traerán malas intenciones?

Lo sabremos cuando lleguen aquí
—dijo Malcom intranquilo.

Los guerreros, protegidos por corazas de bronce, cabalgaban robustos alazanes, con crines y colas sin recortar. Los jinetes iban similarmente desastrados, con sus cabellos y barbas, rubios o castaños, desparramándose de sus yelmos por sobre sus hombros y espaldas.

Entraron en el  recinto y uno, cuyo yelmo tenía una cresta que era un cuervo estilizado, se adelantó. Se dirigió a Malcom, pero sus ojos estaban en Frëya y en Kynigos.

Saludos, Mercader. Somos hombres del Comodoro Delsaran, y nos manda, pues desea saber si algo de valor fue arrojado a tierra por la mar, durante la gran tormenta de anoche.


Nada que no fuesen los maderos y la habitual basura que nos dejan las aguas
— le contestó Malcom sin dudarlo— ¿Ha habido algo mejor que recoger a lo largo de la costa?

El hombre señaló a unos sacos atados sobre el lomo de uno de los caballos:

Algo de ámbar de calidad, y un poco de coral
—Dijo y señaló a Freya y Kyngos, y luego a Guillaune que yacía en la colchoneta— Pero, ¿quién son estos? Por su aspecto no se ven de que sean de por aquí…
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Kynigos el Jue 17 Nov 2016, 6:28 am

Aún sin mi tupido pelaje, el frío no era demasiado álgido para mí; una vida entre las montañas me habían creado cierta resistencia y, si bien esta forma no guardaba demasiada diferencia con la de un humano común, al menos tenía más resistencia al clima de lo usual. No comprendí del todo la reacción de la joven, aunque de igual manera procedí en disculpas.

- Perdóneme, buena dama. No era mi intención importunarla con mi presencia humana descubierta. Simplemente no tenía planeada una transformación para hoy. -«No, ¡No! ¡Definitivamente no estaba planeada!», me regañó Hircine y casi se pudo notar la irritación en mi rostro.-

Las palabras elaboradas y elegantes del caballero que se había presentado como Malcom me sacaron una sonrisa; por lo general, no era bien recibido por la nobleza, y no estaba habituado a las palabras adornadas. No rechisté a las órdenes del caballero, pues tenía la intención de volver tan pronto como me fuese posible a mi verdadera forma. Al adentrarnos en el pueblo, las miradas curiosas no se dejaron esperar; podía oír claramente a las personas murmurando entre ellas "¿Está desnudo?" "¡Qué sinvergüenza!". En contraste con las murmuraciones, también pude oír un silbido indecoroso de una dama a la que no dudé en guiñarle el ojo. En general, fui el centro de atención hasta desaparecer en la  posada del caballero, donde fuimos bien recibidos. Unos sirvientes me ayudaron a colocar al hombre moribundo en una colchoneta bastante elaborada. De allí, poco podría hacer frente a una curandera experimentada en el área, así que me limité a seguir las invitaciones de Malcom. Se dedicó a mirarme de hito en hito sin demasiada discreción y arqueé la ceja al notarlo. «No es nuestro tipo», pensamos al unísono, aunque cuando llegaron sus sirvientes con ropas me dí cuenta de que estaba intentando adivinarme la talla. No demasiado bien, para ser honestos; se notaba que habían hecho remiendos por aquí y por allá en un apuro y había costuras que estaban importunando ciertas partes. Podía escuchar perfectamente la irritación de Hircine gruñéndome cerca, pero no lo dejé molestarme demasiado.

¿Pero qué digo? La ropa era casi perfecta, pero no estaba acostumbrado a las indumentarias pesadas ni elaboradas; lo mío, cuando mucho, era un camisón de seda blanca y pantalones holgados del mismo color y tela, que por lo general dejaban ver bastante a través de ellos. En poco, estábamos sentados en cómodas sillas alrededor de una mesa de café bastante atractiva, y sus sirvientes traían platos humeantes con algo que parecía ser alguna clase de estofado, vino con especias y pan. Le llamaba más la atención el ofrecimiento anterior; un hueso de ternera que despellejar y roer hasta desaparecerlo. Pero no podía ser descortés ante una invitación tan jovial; Esperó con una sonrisa el agradecimiento a los dioses que había proporcionado Malcom y en poco tiempo había comido a grandes bocanadas pero bastante discretas. Había pasado todo con pan y vino, que endulzaban el sabor del estofado, el cual no estaba mal en lo absoluto, pero al igual que con la indumentaria, simplemente no estaba acostumbrado. Entre copas, me había dado cuenta de que no me había presentado propiamente. O mejor dicho, no me había presentado en lo absoluto. Luego de oír con detenimiento las palabras del caballero y haber sonreído en agradecimiento en múltiples ocasiones, procedí a presentarme.

-  Me llamo Kynig...Hircine.» Escuché susurrar a mi compañero, quitándome un poco la tranquilidad. Sacudí la cabeza y sonreí de nuevo.- Kynigos Fengari, de las Cordilleras de Porthier.

Por primera vez en muchos años, me estaba limitando en hablar. Mis palabras no estaban ni cerca de sonar tan bonitas como las del caballero. Eran amables, eso sí; cada palabra desbordaba amabilidad como si estuviese tratando con un hermano, pero carecían de la elegancia que aportaba la alta cuna. 

- Le agradezco enormemente por su invitación, Lord Malcom. Con gusto oirá de las tierras lejanas que he visitado, y mis habilidades están a disposición siempre que sean requeridas.

Un poco de parafernalia hablada no estaba de más si eso significaba tener alianzas en otras partes. Podía oír las quejas de Hircine en mi oído muy claramente. 

- ¿Quién demonios eres? ¿Príncipe Sonrisas? ¡Vamos, Kynigos, calla ese hocico! ¡Me harás vomitar!

Para mi fortuna, el lobo feroz no se había hecho oír en ningún momento, y aunque mi expresión cambiaba constantemente al sentirlo, era la única señal de su existencia, de la cual prefería no hablar con mis nuevos amigos. Antes de continuar con el discurso servicial, habían traído postres y confituras que se veían increíblemente deliciosas, y olían igual. Antes de hincarle el diente con tanta decencia como podía, había llegado otro sirviente vociferando advertencias para su amo. Noté el cambio en el tono de voz de nuestro anfitrión; su jovialidad había sido reemplazada por una posición intranquila, y se temió lo peor. Hircine hizo acto de presencia nuevamente.

- ¿Estás listo para la caza?

- Calla. -Limité la respuesta a mi mente.-

Los guerreros eran bastante intimidantes, pero no eran más que eso; burdos guerreros fuertes pero torpes, estaba seguro de que Hircine los haría pedazos a cada uno por separado y se tomaría su tiempo para hacer cada muerte íntima. No me agradaba demasiado la idea, pero lo conocía. Me acomodé en la silla y enderecé la espalda para verme incluso más imponente de lo que ya era. Aunque la última pregunta del soldado no era para mí, contesté con total libertad y con una amabilidad hiriente que rozaba la ironía.

- Soy Kynigos Fengari, Garou de las cordilleras de Porthier.

Una vez más, podía sentir a mi contraparte haciéndome presión en la mente. «Vamos, son guerreros locales. No deben valer mucho.» «¿Tienes miedo, cachorro?», y no faltaba la risa burlona. Sabía que a cualquier indicio de violencia no me daría tiempo para calmar el asunto; estaba seguro de que me obligaría a transformarme y haría una masacre, así que estaba rezándole  a la luna por que los guerreros vinieran en paz.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Frëya Rav'helen el Sáb 19 Nov 2016, 1:33 am

Las disculpas del albino sonaron tan inocentes como ignorantes de lo realmente podría abarcar su acto en la concepción de la raza humana. Mas Frëya lo pudo comprender, si bien era una situación a la que ni por asomo había pensado enfrentarse algún día, podía llegar a entender que aquel lyncan no tenía por qué saber lo que realmente podría llegar a suponer tal acto, así que con su mirada dirigida aún hacia otro lugar simplemente acepto sus disculpas.

Disculpas aceptadas, aunque agradecería que me avisarais la próxima vez que vayáis a transformaros, si no es mucha molestia… no me gustaría volver a reaccionar de esta forma tan patética — dijo con una ligera sonrisa, intentando superar la vergüenza del momento y dejarlo simplemente en un hecho anecdótico y curioso cuanto más.

Con ayuda de Kynigos la travesía de transporte hacia el establecimiento de Malcom fue más rápida de lo que podía pensar. Igualmente, durante todo el camino, la desnudez de Kynigos se llevó toda la atención de los isleños, que a poco tuvieron prácticamente la misma reacción que la joven. Una vez dentro, Frëya no tuvo lugar de observar el lugar dónde se encontraba, pues durante todo el trayecto a la posada la mente de la rubia ya estaba pensando en las diferentes curas que iba a aplicarle al pobre náufrago.

Tras ser colocado sobre aquella colchoneta de pieles, la rubia se arrodilló rápidamente, quedando cerca del rostro y tronco del náufrago. La esposa de Malcom se ofreció como ayudante a la curandera, algo que le alegró y agradeció, pues sabía que iba a necesitar algunos elementos indispensables. Lo primero que hizo fue terminar de rasgar y retirar de su cuerpo la ensangrentada camisa que Kynigos había rasgado en su forma lupina, descubriendo un musculado torso y unos fuertes brazos a la vez que magullados y heridos. Aunque si bien presentaba cortes por todo su cuerpo, estos no eran demasiado profundos. Su buena condición física había sido crucial para su supervivencia.

Necesito dos cuencos con agua cliente y varios paños y vendajes — dijo dirigiéndose a la esposa de Malcom — … y perdóneme si son demasiadas exigencias pero le agradecería enormemente que buscara en sus cocinas algo de jengibre y laurel, sería muy útil para calmar el dolor — dijo la rubia de la forma más dulce y amable que pudo. Ya debía de ser demasiado importuno acoger a tres desconocidos en su hogar como para que ahora una de ellos le diera órdenes.

Sin embargo, la amabilidad de la esposa le sorprendió gratamente, pues en pocos minutos todos los elementos que pidió le fueron traídos, al igual que ambas plantas, que si bien no estaban en grandes cantidades serían más que suficientes.

Sumergió uno de los paños en agua caliente y lo pasó con cuidado y delicadeza por cada una de las heridas, dando pequeños golpecitos sobre las mismas. Seguidamente en el otro cuenco sumergió el jengibre y las hojas de laurel y tras esperar unos minutos aplastó ambos elementos con sus manos para crear una pasta verdosa que extendió por cada una de las heridas y cortes. Mientras aplicaba aquel mejunje notaba como la respiración del náufrago iba siendo cada vez más estable.

Seguidamente y con la ayuda de la esposa de Malcom y algunos criados que ayudaron a incorporar el cuerpo del varón, vendaron algunas heridas de mayor profundidad y limpiaron con paños y agua caliente piernas y brazos. Frëya desinfectó con la misma pasta vegetal un pequeño rasguño en su mejilla y limpió su rostro con cuidado. Finalmente lo cubrieron con unas cuantas mantas de lana, para que pudiera entrar en calor.

Mil gracias por su ayuda, mi señora. Gracias a su hospitalidad y la de su marido pronto se pondrá bien — dijo con una tierna sonrisa a la esposa de Malcom.
Para cuando la curandera terminó, pudo observar como Kynigos ya había conseguido unos buenos ropajes, algo que agradeció ya que fue ahora cuando pudo observarlo sin ningún tipo de pudor, y aún vestido como todos, su larga cabellera blanca destacaba en demasía.

La rubia no se pudo resistir a la invitación de Malcom y es que además de que no había comido nada desde la mañana, aquella intensa sesión de curación la había dejado con el estómago vacío. Tras el agradecimiento a los dioses la comida dio comienzo, Frëya no estaba demasiado acostumbrada a bebidas tales como el vino, pero le resultaba demasiado descortés rechazar la amable invitación de Malcom así que se limitó a degustar el delicioso bol de cocido.

Escuchó con atención las palabras del anfitrión, sí que era cierto que corrían tiempos difíciles, tiempos de guerra y sufrimiento para muchos y de gloria para unos pocos. Seguidamente escuchó las palabras del albino, conocía las Cordilleras de Porthier, o más bien su padre una vez le había hablado de ellas, un lugar frio e inhóspito que a la vez encajaba perfectamente con la fría apariencia del albino.

Seguidamente se dispuso a hablar.
Disculpad mi descortesía por no haberme presentado antes, soy Frëya Rav’helen, exiliada por obligación en esta isla. Mi hogar… o lo que pueda quedar de él, estaba en Kazanmak, ahora dudo que haya algo más que cuerpos sin vida y destrucción… — dijo bajando su verde mirar con una expresión seria y triste a la vez — Aun así intento no perder la esperanza, tenéis gran razón al decir que son tiempos difíciles… muy difíciles me atrevería a decir, pero precisamente ahora es cuando debemos unirnos o de lo contrario estaremos perdidos — le dolía recordar a su padre, ahora miembro del ejército de Akasha Shyrena, era algo con lo que debía convivir día a día, pero ante todo trataba de interiorizarlo puesto que la tristeza no era algo que tuviera cabida en su personalidad.

El delicioso postre que posteriormente llegó fue interrumpido por la alarma de los criados de Malcom, avisando de la llegada de varios hombres a caballo, y en cuanto estos hicieron actos de presencia Frëya se puso alerta, pues supo reconocerlos enseguida.
Hombres del Comodoro Delsaran, una sabandija que lo único que buscaban era aprovecharse de cualquier desgracia ajena para enriquecerse. No era la primera vez que topaba con algunos de sus hombres, pero nunca de forma tan directa, ya que fue su madre la que aquel día se enfrentó a otros de sus hombres, que con gran insensibilidad intentaron robar todos los objetos de valor de un pobre anciano que no había sobrevivido a la travesía hasta las islas y había llegado muerto a puerto. En aquel momento su madre le obligó a mantenerse al margen, pero esta vez les haría frente, las injusticias era algo que la rubia no toleraba por encima de nada, y se las debía.

¿Acaso es necesario saber si pertenecemos a esta isla? Bien es sabido que la llegada de exiliados es continua, así que no deberían extrañarles el hecho de que seamos extranjeros. Me desconcierta aún más sabiendo que a vuestro jefe solo le interesa lo poco de valor que pueda conseguir de las desgracias ajenas, mas decirle que no sienta preocupación, cuando fallezca le harán saber la noticia para que pueda llevarse lo poco de valor que poseo. Pero por ahora no hacen nada aquí, ya que para vuestra desgracia todos rebosamos vida — dijo con la mirada entrecerrada y el rostro serio.

Quizás para los allí presentes aquella respuesta quedaba en desmedida, pero aún no podía olvidar como los hombres del comodoro rebuscaban sin piedad en el cuerpo fallecido del pobre anciano. Jamás lo olvidaría.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Guillaune el Sáb 19 Nov 2016, 3:18 am

La tensión se palpaba en el ambiente, los guerreros se mostraban muy agresivos… el albino se mostraba lo suficientemente seguro de sí mismo y de la imponencia que le confería su altura- aun estando sentado- La chica por su parte tenía tal aire de inocencia que era difícil no mirarla, más cuando empezó a hablar todo ese aire angelical se le desvaneció, el resentimiento  y el desprecio que sentía por aquellos insensibles hombres teñía cada una de sus palabras, así mismo no tuvo reparo en hablar mal del despreciable comodoro Delsaran.

Pero el líder de aquellos forajidos no se dejaba intimidar por ninguno de los dos.  así que les dirigió una  mirada desafiante a ambos.

¿Qué no hacemos nada aquí? No sabes lo que dices jovencita…  y, ¿qué hay del que esta recostado en la colchoneta?
— pregunto inquisitivo y altanero el líder de aquellos traidores plumas negras.

Sólo es un marinero sin suerte, que fue echado a la costa por las aguas. Nada se salvó de su nave más que el muñón de un mástil, demasiado empapado en brea para siquiera ser buena leña para el fuego.
— Se apresuró a contestar Malcom

¿No me oíste preguntarte antes si algo de valor había sido depositado en la costa? Si el mar lo trajo, entonces es parte de las riquezas que traen las aguas, y pertenece al Comodoro. Por un tipo saludable y robusto como es él nos darán un buen precio los mercaderes de esclavos… Al igual que el albino larguirucho este que dice llamarse Kyngos, y la chica rubia de lengua larga y ojos verdes, es muy bonita seguro que su belleza será del agrado del comodoro.


Hubo un tiempo en el que Malcom le hubiera partido el cráneo en dos a alguien, al momento, sólo por decir palabras como aquellas, pero la edad y la experiencia le habían hecho aprender a ser prudente. Así que se limitó a decir:

Son mis huéspedes y las leyes de la hospitalidad…


¡Tonterías! ¿Dónde se han escrito o grabado esas famosas leyes de la hospitalidad? Esos gañanes  ignorantes  de los plumas negras no saben escribir, aquí solamente gobierna una ley: la de la daga furtiva para robar bolsas y rebanar gaznates. Kaela Shyrena estará muerta muy pronto… al igual que todos nosotros cuando el poder de Malkôra llegue a estas islas…Tienes suerte mercader de tener  goce de la protección del comodoro. Y en cuanto a ti Kynigos Fengari, y tú jovencita ojos verdes… será mejor para ustedes que nunca les encontremos en otra parte…

Dio vuelta a su montura y cabalgó hacia fuera del recinto, seguido por los otros que con visible esfuerzo apartaron sus ojos de Freya.

Ha ido por los pelos
—comentó Malcom, cuando hubo recuperado el aliento— han de tener cuidado amigos, esos forajidos son traicioneros… Más les vale  que ninguno de los dos se aleje mucho de aquí… esos forajidos les han echado el ojo a ambos… Como bien dijo Freya antes deque nos interrumpieran, son tiempos difíciles y mas nos vale estar unidos

Tiempo después… mientras los ánimos volvían a relajarse y en la mesa se discutía aquel evento, Guillaune se levantaba de la colchoneta despertado por la tertulia. La habitación entera se movía como por un lento terremoto, pero Guillaune sabía que esa era una sensación dejada por su larga permanencia sobre las olas. La pasta verdosa que le había untado la bella curandera le ardía, sobretodo en la mejilla y el vientre y los vendajes colocados le dificultaban el movimiento.

¿Qué lugar es éste?
—su voz sonaba más como el graznar de un cuervo que el habla de un hombre.

Bienvenido de vuelta al país de los vivos, amigo. Me complace decirte que esta es una tierra firme, aunque algo fría…

Cualquier tierra firme es mejor que el mar durante una tormenta
—le contestó Guillaune— ¿Eres un comerciante de la costa?

Así es. Soy Malcom y estos dos jovencitos te han salvado la vida, sus nombres son...— El amable mercader, se auto interrumpió esperando que fuesen ellos mismos quien se presentaren ante el naufrago.


Yo soy Guillaune de…
—estaba a punto de decir «Noah», pero se lo pensó mejor—… de Arendia. Trabajaba a bordo de una nave, que navegaba cuando nos atrapó la tormenta.

Su estómago rugió sonoramente, y su anfitrión hizo una seña a un sirviente. Este trajo un poco de té, mientras la esposa de Malcom lo guiaba hasta la mesa.

Esto debería asentarte un poco el estómago
—le dijo Dawaz— Luego puedes probar con un poco de comida sólida. Sin duda llevas días sin comer, y tu estómago estaba lleno de agua de mar…

Mientras lo escuchaba, Guillaune les dedico una mirada a sus salvadores, en conjunto eran hasta cierto punto encantadores, parecían ángeles de cabellos limpios y rubios, y los ojos gatunos de la chica eran tan verdes como la hierba.

Estaré bien gracias a ellos...Freyja, Kyngos… Les debo mi vida a todos ustedes. En cuanto esté bien del todo, saldare mi deuda con ustedes…
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Kynigos el Sáb 19 Nov 2016, 7:05 am

La retahíla de palabras de la joven me dejó anonadado; o bien era más agresiva de lo que parecía, o había sucesos que le hacían reaccionar así.

- "¿No me oíste preguntarte antes si algo de valor había sido depositado en la costa?..."

Aquellas palabras altaneras me harían recordar su voz y su rostro, e incluso estando bajo esta forma, su olor. Aunque toparme con él nuevamente no parecía ser tarea difícil, puesto que había lanzado una especie de amenaza. La presión era bastante visible; Hircine estaba ordenándome caza constantemente, podía oír su gruñir una y otra vez, irritado, agresivo, con sed de sangre. Me susurré a mí mismo en una voz apenas audible con tono de reproche «Hircine, calma.» «Calma» repetí mientras ahogaba la tensión en vino. Tenía la mirada apartada de nuestro anfitrión e hice caso omiso a lo que estaba diciendo; no voluntariamente, claro, sino que estaba prestando más atención a mantener a mi indeseado compañero bajo control. Me había servido impetuosamente tres copas de la bebida y éstas habían sido suficientes para disminuir la presión de Hircine. Al notarlo casi ausente (O embriagado, como fuere), me susurré nuevamente. «Se fue.» No estaba seguro de si me oirían o no, pero luego de volver la mirada ligeramente perdida hacia la conversación que se gestaba en la mesa, oí la voz casi agonizante de nuestro recién rescatado.

- La bella durmiente abrió sus ojos. -Remarqué con picardía mis palabras mientras volteaba a ver al náufrago.-

Capté un poco tarde la insinuación de Malcom en cuanto a presentarme. Quizá el vino estaba surtiendo un efecto ligeramente indeseado. Por tercera vez en el día, había dicho mi nombre y procedencia con tanto orgullo que parecía un estandarte.

- Kynigos Fengari, Garou de las cordilleras de Porthier. -Mi voz ya sonaba ligeramente pesada y parecía arrastrar una palabra junto a la otra, aunque aún era entendible. De seguro al transformarme, el efecto del vino desaparecería entre el desmesurado tamaño de mi forma canina. Escuché con atención el agradecimiento del marinero y sonreí de lado, una característica involuntariamente atractiva.- No hay deudas que saldar, Guillaune de Arendia. -Me recosté en el sillón.- Además, ha sido todo gracias a Malcom, nuestro hospedador, y a la hermosa joven aquí presente.

Sentía estarme excediendo con las palabras, así que terminé por cerrar el hocico hasta que no tuviera más remedio que hablar. Me comencé a preguntar en silencio cuál sería la mejor excusa para salir del lugar, pero no tenía ninguna. Malcom había sido excesivamente hospitalario y no podía dejarlo así como así, por lo que esperaría a que la chica, Frëya, tuviera que partir para poder seguirla.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Frëya Rav'helen el Dom 20 Nov 2016, 1:21 am

La joven curandera podía pecar de atrevida en demasiadas ocasiones, dejándose llevar por los impulsos más fuertes, no sería la primera ni la última vez que las delicadas facciones de Frëya se veían mostrando enfado y hasta cierta agresividad. Pero contrarrestando a ese defecto, si realmente podía llamarse como tal, teníamos que la joven también sabía parar cuando era necesario, no era tonta y predijo que sus palabras de alguna u otra forma iban a molestar a los recién llegados.

Durante el resto de la conversación se mantuvo callada, pero sin dejar de mirar de cierta forma molesta y desafiante a los hombres del comodoro Delsaran. La antipatía y altivez que mostraban hacia Malcom, que con buena voluntad y experiencia intentaba calmar la situación, así como las amenazas hacia Kynigos y ella misma, no le extrañaron para nada. De hecho era típico de aquellas sabandijas defenderse con amenazas y causar temor entre la gente con ello.

Tras una última amenaza a los invitados de Malcom, los indeseados se marcharon con las manos vacías; Frëya alzó una ceja con cierta ironía, ni siquiera se habían molestado en aprenderse su nombre, siendo llamada “la joven de ojos verdes”, poco más podría esperar de tales individuos, sin capacidad de retener más de dos nombres seguidos.
Una vez desaparecidos del lugar, la situación volvió a calmarse, y la conversación se restauró.

Lamento si resulté demasiado agresiva, pero no es la primera vez que me topo con tales personas, si es que se les puede llamar así — dijo apretando los labios y haciendo un ligero gesto de desagrado — No soporto la idea de que ese insensible Delsaran solo busque beneficiarse de toda estas tragedias que vivimos en hoy en día… una vida vale mil veces más que cualquier tesoro de cualquier naufragio, pero no todo el mundo parece pensar como yo — dijo con un ligero suspiro para después encogerse de hombros.

Poco después un ligero movimiento se escuchó entre las sábanas de lana, y la figura del náufrago se alzó recuperada. Unos ojos azules se abrieron de nuevo al mundo, extrañado y algo confuso, pero vivo al fin y al cabo. La joven se alegró al ver que se encontraba mejor de lo que en un principio supuso. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro al escuchar el comentario de Kynigos.

Frëya Rav’helen, un placer — dijo con su característica simpatía, tomando la palabra de Malcom para que ellos mismos pudiera presentarse. Le resultó extraño que ninguno de los dos extranjeros que acaba de conocer procedieran de Eädur, teóricamente la población de exiliados era la mayor de las islas, pero al parecer cada vez era mayor la llegada de viajeros procedentes de otros y lejanos lugares. Tras ser ayudado para llegar hasta la mesa y sentarse al lado de los demás presentes, Guillaune tomó el té que Malcom le ofreció.

Coincido con Kynigos, no hay nada que saldar — negó con la cabeza—. Soy curandera, mi deber es salvar vidas, de hecho jamás me hubiera perdonado si hubiéramos perdido la tuya. Débete a ti mismo que hayas conseguido sobrepasar a la muerte, nosotros solo hemos sido unos humildes ayudantes — dijo mientras se fijaba en los vendajes que ella misma le había colocado.

Vivo en la zona sur de la isla, así que si decides pasar la noche en este lugar mañana temprano podría traer algo para mejorar las heridas. Por ahora solo deberías descansar y como bien dice Malcom, cuando te sientas algo mejor deberías tomar algo sólido, tu cuerpo lo agradecerá después de tanta agua de mar — dijo mirando a Guillaune — veras como muy pronto estarás como nuevo — y sonrió con entusiasmo.

Poco después, Frëya observó el cielo desde una de las ventanas más cercanas. Si no ocurría ningún otro contratiempo, pronto debía de volver a su hogar o de lo contrario sería demasiado peligroso para la joven atravesar sola toda la isla hasta llegar a su casa. Sin embargo, no quería abandonar antes de tiempo, si Guillaune empeoraba debía de estar a su lado para ayudarlo. Solo era cuestión de observarlo y ver como se desenvolvía durante aquellos minutos.
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Guillaune el Dom 20 Nov 2016, 7:22 am

Guillaune se levantó brevemente solo para acomodar la silla, la perfiló un poco de tal manera que no les daba la espalda a ninguno de los presentes, por simple etiqueta, incluso el chico albino que había dejado la mesa para irse asentar a un sillón.

Escucho sus salvadores atentamente,de alguna forma sentía cierta familiaridad hacia ellos, para su sorpresa no eran hermanos, ni siquiera procedían del mismo lugar, pues mientras que el chico afirmaba ser  un “garou” de las cordilleras del otro lado del mundo. La chica estaba establecida en la isla y vivía hacia el sur y era curandera, el albino por otro lado era más misterioso en cuanto a lo que hacía, quizás algún desertor o un fugitivo de la lejana Drasnia

Les agradezco sus palabras, la verdad es que tuve mucha suerte, tanto e sobrevivir como de encontrarme con todos ustedes…  Estas heridas me arden, pero sé que pronto estaré bien, Frëya eres una curandera muy talentosa  te haré caso y descansare… — Respondió correspondiéndole con las misma sonrisa a la joven, era una mujer muy especial, casi perfecta podría decir.

Malcom termino de contar todo lo sucedido al naufrago mientras estaba inconsciente,En aquellas islas venía gente de todas las razas y pueblos del mundo, pero la mayor parte de los colonos refugiados eran gente de Kazamark procedente de Eadur, huyendo de la tiranía que reinaba en ese continente por culpa de Malkôra

Le contó el incidente con los forajidos y la situación en general de la isla. De las múltiples atrocidades cometidas con el Comodoro y de la guerra civil que sostenía con su oponente Musalynn la pluma negra que valientemente le hacía frente.

Son unos oportunistas, atacan a traición yno siempre esperan pacientemente a que mueran los hombres. Matan a los heridos. Si un hombre no tiene fuerzas para resistir, no se molestará en matarlo, sino que le cortará los dedos para conseguir los anillos, o su mano para tomar un brazalete, mientras aún vive.  ¡Son cerdos de dos patas!

Realmente tenía mucho que agradecerles a todos, una buena remuneración económica para los dos chicos rubios por salvarle la vida y librar al mercader y su esposa, y a toda la isla, del yugo opresor de Delsaran.

No solamente puedes quedarte, hoy puedes quedarte todo el invierno
—le ofreció Malcom—Tenemos muchas provisiones para el invierno, y los forajidos de Delsaran no los molestaran mientras estén bajo mi protección.

Te lo agradezco Malcom pero no vamos a cambiar las cosas quedándonos aquí sentados. Si me pueden prestar unas armas, te las pagaré junto con el hecho de haberme rescatado con lo que me gane con ellas. Mañana esperare, los remedios  que generosamente  Frëya me ha ofrecido, y en cuanto me de el visto bueno…buscaré a Musalynn la pluma negra esa que dices pondré a sus servicios y le ayudare a derrocar a ese tal Delsaran y a su pandilla de ladrones…


Por supuesto Malcom, no estaba muy de acuerdo, pero admiraba su determinación, en cuando a los demás, tenía cuartos para todos, pero si la joven querría regresar a su casa, ordenaría a los sirvientes que la escoltaran hasta su casa, si los forajidos cumplían su promesa ella y el albino corrían peligro…
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Re: El mar de las Tormentas [Islas Drozhna] [Libre]

Mensaje por Kynigos el Sáb 03 Dic 2016, 5:26 am

«Armas. Derrocar. Suena excelente. Ansío dar caza a un par de mugrosos humanos con aires de superioridad. Aunque no tengo nada personal contra ellos, no perderé la oportunidad de morder la dulce carne humana, y Guillaune es mi boleto de partida.»


***


La voz susurrante de Hircine era un picor en la parte de atrás de la cabeza (ahí era donde, de alguna manera, sentía su presencia), aunque decidí ignorar su sed de sangre. Las cosas por aquí estaban mucho peor de lo que aparentaban; había forajidos temidos por todos que se salían con las suyas y nadie parecía poder hacer nada al respecto. Agradecí que nadie reparara en mi leve estado de ebriedad, y admiré la valentía del humano. Pedía armas para cuando se recuperase. Contra mi voluntad, una oración salió de mi boca seguida por una expresión horrorizada.

Yo soy un arma —indiqué—.

Pero no había sido yo. De algún modo, el lobo se las había apañado para hacerse oír. Sacudí violentamente la cabeza como arrepintiéndome de mis palabras y procedí a corregir, aunque temía no tener mucho éxito.

Quise decir que sé combatir —añadí con una voz pesada y arrastrando las palabras—. No tenía planeado quedarme mucho tiempo en la isla, pero dado el extraño clima y las condiciones en las que ustedes se encuentran, podría serviros de protección, o de refuerzo, si se necesitare. 

Me incorporé en el sillón (Aunque para ser honesto, no me hubiese venido mal echarme una siestita allí mismo), ya el mareo había pasado un poco y me sentía en la capacidad de establecer nuevamente conversación con los presentes sin hacer ningún tipo de payasada. Mi mirada se centró atenta en Malcom, esperando algún tipo de reacción favorable de su parte.
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